Archivo del Autor: Martín Rodríguez

CONURBANO

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Por Martín Rodríguez :: @Tintalimon

I.

Tomando el Censo de 2010, entre la CABA y el GBA se juntan 12.801.364 personas, es decir, casi uno de cada tres habitantes de la Argentina (31,93%). La ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires integran un área metropolitana que resulta una de las tres grandes metrópolis de América Latina, junto a DF (México) y San Pablo (Brasil). Hablamos de nuestro AMBA (ciudad + conurbano). Y la provincia de Buenos Aires produce alrededor del 40% del PBI del país.

Según el imaginario político promedio, en el Gran Buenos Aires vive el peronismo en su versión más rústica: desde la primera concepción de obreros y cabecitas negras de los años 40, hasta la última de desocupados, piqueteros, punteros, redes clientelares y la peor versión narrada del Estado: “los Barones del Conurbano”, un mito ya en retirada pero que designa una suerte de feudalismo al que se llega en colectivo. Esta visión omite un detalle masivo: en el Gran Buenos Aires vive una amplísima (¿mayoritaria?) población de capas medias. Los Invisibles. Y otro más: el caudillismo no es exclusivo de peronistas, como bien recuerda Manuel Barge en su blog “Deshonestidad intelectual”: ahí está la familia Posse, en plena reproducción.

En algún sentido, la solución a esa macrocefalia argentina estuvo en la mente del presidente Alfonsín cuando imaginó una huida, una fuga hacia adelante en plenos años 80, fijando en Viedma el sueño de una nueva capital, una Brasilia fría a la que viajarían primero los políticos, luego, obvio, los lobistas, los empresarios, los amantes del círculo polar, las industrias del entretenimiento, y así. Alfonsín se vio “rodeado” e imaginó otra cruzada hacia el sur, pero corta y civilizatoria.

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JUANA BIGNOZZI

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Por Martín Rodríguez :: @Tintalimon

Juana Bignozzi murió ayer en el mismo hospital donde murió su marido hace dos años. El Hospital de Clínicas. Su decisión de atenderse siempre en el sistema de salud pública era parte de sus obstinaciones ideológicas. Hija de lo que llamaba con placer, la “aristocracia obrera”, llevaba como estandarte la filiación de un padre panadero y anarquista, luego comunista, que le dio un hogar donde se oía ópera, se leían los diarios de la burguesía, la prensa del partido, los libros de la Ideología, se cocinaba y se conversaba de política a toda hora. Le encantaba vivir en el centro de la ciudad porque, decía, yo soy la Clase Obrera, no tengo que ir a vivir al sur o a la periferia para hacerme de la Clase. Anti peronista inteligente: respetaba cualquier forma corporativa de poder (sindical, empresarial, clerical, armada) porque su punto de partida para la atención política se basaba en la “consistencia” material de ese poder. Terminó sus días reconociendo a Perón y al sindicalismo peronista (decía de Hugo Moyano: “Moyano es la clase, Moyano puede parar el país”). Estalina de la línea “Pepe electrificó Rusia”, al decir eso te representaba la imagen de un campesino encendiendo una lamparita por primera vez, perplejo frente al milagro moderno. Eso es la Revolución. Le encantaba decir en los reportajes que se fue en el 74 al exilio creyendo que a este país lo iban a terminar gobernando los Montoneros, y era una provocación que se pasaba por alto puntualmente. Volvió en 2004 a un país gobernado por los Kirchner. Cultivó un perfil implacable, fue querida por las nuevas generaciones de poetas que veían en ella lo que el poeta Martín Gambarotta llamó “juventud eterna”. Sus viejas amistades (Juan Carlos Portantiero, Juan Gelman, Carlos Gorriarena, Andrés Rivera, Beatriz Sarlo, María Moreno, etc.) no se tallaban en el amiguismo ni en la complicidad corporativa. Eran parte de su estructura de diálogos ásperos, irónicos, fuertes y también afectivos, muchos quedaron en el camino. Una noche de alcohol y conversación con Juana podía ser la última cena de una amistad. Siempre le interesó la novedad, pero no practicaba el desesperado oficio del descubrimiento de “talentos”. Esperaba que le lleguen y ella llegar a ellos. Como escribió “no hay nada más patético/ que la canción del verano la canción del momento/ pasado ese verano pasado ese momento”. Podía oír la eternidad. Fortísima lectora, la poesía, decía, era una “escuela del carácter”, donde los ideales estéticos son ideales políticos. Nos hicimos especialmente amigos en los últimos años, y era una amistad, ella decía, “como las del 60”. Sin límite de tiempo, de temas, de horarios. Ya estaba cansada de esta ciudad y del país. Extrañaba horrores a Hugo. Su último poema es la carta que nos dejó a los amigos para cumplir el protocolo de su muerte: cómo ser enterrada. De la que sólo diremos: si van a ver su tumba lleven flores amarillas. Hasta siempre, Juanita.

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DOS, TRES, MUCHOS FRANCISCO

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Por Martín Rodríguez :: @Tintalimon

El mundo es multipolar, dicen, pero el mundo no cierra. El mundo está en crisis. Consensuemos esto. La política apenas administra esa fractura. Sociedades o expresiones políticas (Tsipras en Grecia, Podemos en España, algunos gobiernos sudamericanos, etc.) no contienen un paradigma económico alternativo al capitalismo, sino, en todo caso, proponen formas de convivencia tensa entre las reglas duras de la economía y la reconstrucción de autoridades estatales soberanas. Simplifiquemos: a la soja, el Estado de la soja. Al petróleo, el Estado del petróleo. Al gas, el Estado del gas. Estados y economías al desnudo… con los commodities en baja. Ni más, ni menos. No hay una organización popular de envergadura y homogénea en cada país sudamericano (Venezuela, Brasil, Ecuador, Bolivia, Uruguay o Argentina), sino realidades territoriales distintas y los rasgos templadamente autoritarios según el caso (para el libre mercado y para ciertas nociones republicanas no necesariamente asociadas al mercado) de los viejos “Estado-Nación” en reconstrucción. El sujeto es el Estado (ni la clase, ni los movimientos sociales, aunque sean parte del soporte del gobierno). El caso argentino es ejemplar: en estos años el gobierno utilizó el término “empoderamiento” como consigna para robustecer a la sociedad civil y sus líneas de defensa para cuando “el proyecto” no ocupe más el Estado, pero el resultado paradójico es el empoderamiento estatal. El próximo gobierno argentino se encontrará con un Estado con más recursos ejecutivos en sus manos, no necesariamente con una sociedad más organizada.

Desde 2013, el papa Francisco comenzó a ser una suerte de voz global articulada cuya plataforma supranacional se implicaba en la denuncia de un “sistema mundial”. Nadie tiene el peso de esa voz: ni los presidentes de países periféricos, ni los organismos regionales, ni los presidentes de naciones emergentes poderosas. Veamos.

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TODO SE ACLARA Y SIMPLIFICA (LA OPORTUNIDAD PERDIDA EN LA ENTREVISTA DE YATATÍ CORÁ ENTRE BARTOLOMÉ MITRE Y EL MARISCAL LÓPEZ)

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Por Martín Rodríguez :: @Tintalimon

El que lava su pelo en el río en el mismo momento de la batalla.

Mientras el otro se peina con los dedos como si fueran dedos de marfil

recién traído de África.

La radio a pilas de fondo

capta el movimiento de las hojas,

el curso subterráneo

de la helada, la migración de unos pájaros aturdidos.

Una pausa de cristal en el aire roñoso.

Lavan el agua con sus pies, que están limpios

como animales blancos, de plumas y espuma.

Así, dos próceres aniñados, bebidos, junto a un arroyo…

No es como el secreto de Guayaquil. Salen limpios

de su entrevista: charla bajo la parra– la titulan.

Hablaron -y jugaba con un tallo en la boca

cada uno mientras lo hacía.

Corrieron un panadero hasta el vapor del arroyo

donde se hizo colibrí, fuga celeste,

la escarcha de un pensamiento etéreo.

A LA QUE TE CRIASTE

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Por Martín Rodríguez :: @Tintalimon

El violín hermoso y nostálgico de los partidos políticos durante los 80 era el de la orquesta del Titanic. Los partidos funcionaban bárbaro, iban a elecciones internas, hacían congresos, tenían líneas competitivas, en los politológicos 80, pero el país se iba al tacho. Y se fue nomás. En los 90, la corteza partidaria se mantuvo lo más sólida que pudo, pero sin gente. La gente se empezó a ir. Billetera del 1 a 1 mató galán militante. Menem y Alfonsín sellaron la última Moncloa, el pacto de Olivos, para darse dos cosas: una constitución más moderna y liberal, y una reelección presidencial. El cielo y la tierra. Un pacto celebrado a espaldas del alivio social que aún mantenía la convertibilidad en los bolsillos dañados por la híper.

Algo de este viento ha vuelto, aunque sea como tendencia, en la estructuración electoral de este año: peronismo versus republicanos, en resumen. La solución de la crisis de representación (que era hija de la crisis económica) que en 2001 explotó, se dio pero con políticos, no con un “sólido sistema de partidos”, y con políticos que gobiernan. Políticos y Estado. Ganan los locales. Ganan los que gobiernan. “Gritaron que se vayan todos y se fueron los partidos”, dijo Ricardo Sidicaro. Hoy los radicales, los más adeptos al rito partidario, comen en su manzana la arena amarilla del Pro. Escenificaron en su Convención su propio vacío. Sin embargo, el problema está diagnosticado por ley: las PASO jugaron a favor de construir una tendencia de unidad y estabilidad partidaria, y uno de los hijos más preciados de esa ley es, paradójicamente, el FIT, el Frente de izquierda trotskista que hace ya varios años comienza a concentrar la existencia de una izquierda electoral clasista. Pero la disputa de dos candidaturas moderadas (Scioli y Macri), quienes descolocaron al no tan moderado Massa, en representación de bases sociales distintas, organiza este escenario de un modo inédito: porque Scioli y Macri aparecen como las versiones moderados de sus espacios. La “ancha avenida” existía, existe, y ahora la caminan Scioli y Macri. Caminan en puntas de pie mientras Cristina manda. Y Cristina se va sin “fin de ciclo”, más bien en un desenlace, porque: 1) el lugar común de los analistas liberales: porque “se va”; 2) porque enfrió la política, y se va sin rizos trágicos; 3) porque contuvo lo más que pudo la recesión económica generada en su tercer gobierno, para que los problemas los solucionen los que siguen (con fórmulas de ajuste o endeudamiento lejanas a su teología ¿que quiso y no pudo aplicar o que pudo y no quiso aplicar?); 4) conduciendo el peronismo y dejando las PASO entre dos moderados. Su mano sobre la lapicera hasta el último minuto. Y es notable: ahora se habla de FPV como nunca antes, el posicionamiento de Scioli y la aceptación paulatina de quienes lo rechazaban (¿recuerdan los zócalos 678istas sobre sus pactos con Magnetto?) ha logrado un efecto en la lengua: todos efepevianos, todos frentistas. Scioli es el nombre de lo maldito para el kirchnerismo: es lo que necesitó, lo que no pudo sacarse de encima. El poder tira más que una yunta de bueyes. Dijimos en este blog en 2010 esto.

En definitiva: ni FR, ni Faunen, ni Unidos y Organizados. Vuelta a los partidos. Peronismo y Pro. ¡Ataque ochentoso! Se acabaron las “terceras posiciones”, parece. El laboratorio político nacido tras el 54% tocó fondo: ni los ideológicos sin carrera política, ni los intendentes dolidos, ni los socialdemócratas. ¿Qué somos? Tiburones. Tiburones peronistas. Tiburones republicanos. Y afuera hay sangre.

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RADICALES LIBRES

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Por Martín Rodríguez :: @Tintalimon

Me pasó en el 2004: año de esplendor de las tasas chinas, y año que, con Blumberg en la cabecera, vivimos el fin de la luna de miel entre Kirchner y la Society Argentina (y, en tal caso, empezaba el matrimonio). Un año que no vivimos tan en peligro. Una tarde de otoño hice lo que hacía todos los días: tomar el 150 en Congreso. Me senté junto a un joven más joven que yo (26 contra 20), que estaba vestido con ropa deportiva: pantalón celeste tres tiras, zapatillas topper azules, chomba blanca y un bolso a los pies que rozaba mis pies. Me sobresalté cuando vi lo que tenía en sus manos: unos folletos de la Unión Cívica Radical. Tres años antes el último presidente radical volaba en helicóptero con el país hecho un desconche, ¿qué hacía este nativo con esos folletos a la luz? Los vi porque de reojo distinguí la cara del viejo santo de los laicos: Don Arturo Illia. Empecé a mirar el folleto, que él abrió e intentó leer, lo miré, y antes que piense algo raro, le pregunté qué era eso que leía. Levantó la vista, y con una predisposición inusual me contó que desde hacía un tiempo militaba en el radicalismo, y que estaba participando de un seminario de formación política. Me asombré, sonreí, mostré la complicidad pavota de los politizados que se encuentran vestidos de civil y lo primero que le pregunté fue si era radical por tradición familiar (ah, todo ese rollo de las filiaciones y la sangre azul de la política). Me dijo que no, que él era de Villa Lugano (a él se le ocurrió rápidamente decirme su barrio), y que su familia era más peronista. Pero sin que se lo pida, y adelantando jugadas, me expuso su juicio: me dijo que se afilió a la UCR porque pensó que “si el radicalismo es el partido que peor está, entonces, si me meto ahora, tengo más posibilidades de subir y ascender para cuando el partido vuelva a estar arriba, o sea, cuando vuelven al poder voy a estar bien a lo alto…”. Tal cual como lo cuento. Me dijo eso y se me quedó mirando, no como diciendo “ah, no te esperabas esto”, sino como diciendo: “ponele”. No era un idealista, está claro, y su argumento era el de un pragmático rústico aferrado a una ilusión bipartidista intacta: para él el péndulo de la política seguía teniendo nombre y apellido. “Entro al radicalismo ahora que no entra nadie.” Eso era todo lo que tenía para decir. Consideraba tan circunstancial la debacle radical de esos años que, cuando se restableciera ese equilibrio, él estaría ahí, inmutable, orgulloso de haber bancado la parada cuando nadie. Había en su razonamiento un argumento infantil tan obvio, tan básico, que me dejó mudo. ¿Podía pasar eso? No era uno de esos cien rosqueros que pululaban por los presupuestos públicos, me parecía uno de esos flaquitos, menudos, que miran desde afuera un partido de fútbol 5 y que entra porque les faltó uno, y que como no paga juega de pescador. Era un “permiso, ¿dónde me salvo?” en medio de ese país del 2004 en el que las empresas, las fábricas, los galpones, todo parecía reabrir, ¡salgan al sol!, vivíamos como en el final feliz de Luna de Avellaneda, y en ese espíritu este guacho habrá pensado “y cómo no va a reabrir, a la larga, la fábrica UCR”. Esa fábrica recuperada bajo control de los abogados. Su cálculo y su cinismo básico, casi tonto, se mezclaba a la inocencia con que iría a esas clases de formación en las que, presumo, le contarían más o menos una historia del país donde Illia, por ejemplo, ah, bajaba a leer el diario a un banco de la plaza de Mayo, porque era como un presidente-jubilado y bueno, la suma idiota de todas las debilidades que forman una “estatura moral”, tal como el radicalismo explicaba su debilidad (como fortaleza republicana, República = política débil), y yo pensaba también que en el fondo los radicales (viejos zorros que no eran ni ahí eso que decían ser) no se perderían lo mejor de este sátrapa inescrupuloso, joven argentino, con ropa deportiva, que me mostraba sus cartas a mí, un desconocido, a las 6 de la tarde arriba de un 150 atiborrado de gente cruzando la ciudad de norte a sur. Hubiera querido no bajarme en mi parada para terminar de completar el círculo sociológico de este protón que me dice: yo estoy acá, acá abajo, ¿ves?, y voy a llegar a allá, allá arriba, alto, ¿ves? Y ojalá ya se haya salvado de pasar la vida en Lugano. Ojalá haya llegado lejos en el palacio de víboras radichetas. Y ojalá odie a ese Illia que le vendieron en una maqueta, y que hoy repita este mejor piripipí: detrás de un político débil hay una voluntad colectiva quebrada.

LA CÁMPORA DESPUÉS DEL PODER

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Por Martín Rodríguez :: @Tintalimon

¿Qué hará La Cámpora estas elecciones? “Nos vamos del poder, pero quedamos en la política”, dijo un dirigente después del acto en Argentinos Juniors, cuando Máximo Kirchner por fin habló. Mi único heredero es la juventud, pareció hacerle decir Máximo a Cristina hace apenas unos largos meses. Y en aquel momento se visualizaban dos caminos para la juventud kirchnerista: 1) los que imaginaban una vuelta a la resistencia, para hacer del kirchnerismo una identidad sólida fuera del poder, fogueándose en la oposición a un gobierno lo más liberal posible (Macri); 2) y los que ya conociendo concretamente la dura vida de desierto y “resistencia”, veían la posibilidad de integrar un gobierno peronista más amplio para ser una parte, incluso una parte “crítica”, pero adentro (Scioli). A esta hora, Scioli es la única opción real para ganar. Ganar, a la larga, tira más que una yunta de bueyes. Y Randazzo se distingue como lo que es: un cuadro del peronismo bonaerense clásico. No tan competitivo -por el momento- como Scioli.

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LA ÑATA CONTRA EL VIDRIO

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Por Martín Rodíguez :: @Tintalimon

En 2010 Beatriz Sarlo dijo que Cobos era “la clase de político que le gusta a la gente que no le gusta la política”. Esa definición se aplica desde siempre sobre Scioli y sobre casi todos los políticos con chances electorales (Macri, Massa, ¿Randazzo?). Pero, ¿qué hace atractivo a este libro sobre un político apolítico, de oratoria autista e invocaciones desarrollistas genéricas? En orden: 1) el interés por conocer la vida de uno de los presidenciables; 2) la posibilidad de adivinar qué hizo que en estos años haya mantenido su poder dentro del “ideologizado” FPV. Es decir: ¿qué nos dice Scioli sobre el mismo kirchnerismo también? Scioli secreto es la biografía que será leída frenéticamente por los politizados pasados de rosca que quieren conocer el secreto de esta Coca Cola. Como dice en tapa: “¿Qué hizo para sobrevivir a 20 años de política argentina?”

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MÁS ALLÁ DEL 18F

#YOSOYNISMAN, ARGENTINA MUESTRA EN LA RED SU CONMOCIÓN POR MUERTE DEL FISCAL

Por Martín Rodríguez :: @Tintalimon 

Estamos en democracia. Hoy hay una marcha y la convocatoria se justifica por la muerte de un fiscal, en cuyo virtual suicidio no cree casi nadie, empezando por la propia presidenta. La marcha tiene clima decididamente opositor en un país que, contrario al 8N de 2012, tiene una sobreoferta electoral opositora y un oficialismo que aún no define su candidato para suceder a CFK. La marcha no es el drama en cuestión.

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La muerte de Nisman, como haya sido, es una muerte política. ¿Qué diferencia a una muerte en democracia de una muerte en guerra? Que en democracia un muerto son todos los muertos. Que un muerto actúa de referencia y concentración de sentidos que están dispersos y que forman un símbolo. Cada muerto en democracia quiere ser el último muerto. Es un rayo en el “cielo republicano”: si hay un muerto, hay instituciones que no funcionan o funcionan mal por empezar. Por eso discutir la seguridad, el sistema penitenciario, o, también, discutir la economía del país, es una forma de discutir la vida y la muerte. “Y bien, morimos”, decía el poeta Joaquín Giannuzzi poniendo en un verso la conclusión trivial de lo inevitable. Sí, morimos. Pero que no nos maten. Sigue leyendo

TEORÍAS CONSPIRATIVAS Y CONSPIRACIONES

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Por Martín Rodríguez :: @Tintalimon

La muerte hasta 1983 era una forma de dirimir la política; la muerte, desde 1983, marca el límite de la política.

Natalio Alberto Nisman murió y no sabemos por qué ni –hasta ahora- cómo. Pudo haber decidido matarse, pudo haber sido inducido a matarse, pudo haber sido asesinado, pero ninguna de las tres hipótesis puede sacar la política de esa muerte. Porque Nisman estaba enrollado en un nudo del Estado: el triángulo de las Bermudas de la “causa AMIA” y su “pista iraní”. Una pista que concentró los recursos judiciales y políticos y que se abroqueló dentro de la lectura de escala global que Estados Unidos y el Estado de Israel dieron de ese hecho de guerra en suelo argentino. Nisman murió y excitó los resortes narrativos y conspirativos: “el fiscal que acusó a la presidenta muere la noche anterior a su Día D”. Y a mucha gente la fácil lectura no es un problema: la obviedad autoral (“fue el gobierno” o su contrario: “fueron los ex servicios para perjudicar al gobierno a favor de…”) no le dice nada. Ni tampoco la endeblez de la acusación originaria del fiscal. Por lo pronto, advierten a media distancia que el Estado es una guerra interior, que la transición va a ser dura. Vamos un poco para atrás.

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