Archivo del Autor: Bruno Bauer

Vidas Paralelas

 

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Por Bruno Bauer y Alejandro Sehtman @bauerbrun / @sehtman

UNA FÁBRICA – TANTAS NOCHES

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Por Martín Baña :: Martín Baña

Si bien están juntos desde 2008, los miembros de Una Fábrica editaron su segundo disco recién este año. Nuevas Reglas, de él se trata, se diferencia del álbum debut (Una Fábrica, 2010) por el abandono de las texturas más cercanas al folk y un claro giro hacia el pop de timbres cristalinos, melodías bien definidas y estribillos sencillos y directos. Tal vez en esto hayan tenido que ver la incorporación de nuevos integrantes como la producción a cargo de Tuta Torres (Babasónicos) y Migue Castro (Victoria Mil).

En todas las canciones del disco, pero especialmente en “Tantas Noches”, es posible percibir esta exploración de un sonido más onírico como también el desarrollo de una puesta más despojada, cercana al desdén elegante.

TITANES DEL COCO, DE FABIÁN CASAS

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Por Giordano Marziotti ::

En una época como la nuestra, plagada de cinismo, pastiche y placeres camp, hace falta tener mucho coraje para transitar por los lindes de un género tan desprestigiado como el costumbrismo y no hacerlo desde una perspectiva paródica. O, quizás, más que coraje haga falta talento y una búsqueda sincera. Y eso es lo que sobra en Titanes del coco, el último libro del periodista, poeta y novelista, Fabián Casas.

A diferencia de lo que sucede, por ejemplo, con el realismo y su ambición de exponer un concepto a través de historias ejemplares, el costumbrismo se caracteriza por establecer una relación más superficial con la realidad a la que se enfrenta. (Esta afirmación de superficialidad, por supuesto, no trae aparejada ninguna clase de implicancia peyorativa. En todo caso, esta surgiría frente a ciertos malos usos como el de la ingenuidad machista neoliberal que asola nuestra literatura desde hace más de treinta años.) Una realidad que es presentada como mera superficie, como un conjunto heterogéneo de acciones, personajes, situaciones y discursos que no se subordinan a nada ni a nadie sino que ostentan plenamente su autonomía ontológica. Sigue leyendo

JON SPENCER BLUES EXPLOSION – RECOVERY – 2 KINDSA LOVE/FLAVOR

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Por Julián Elencwajg :: @julianelen

Hay que tener mucha onda y talento para gritar como poseído una y otra vez “¡The blues is number one!”, revolear el micrófono, empujar al camarógrafo que se interpone en el camino al theremin, atravesar corriendo todo el estudio, acogotar al conductor del programa, subir a la tribuna, caer sobre el público, trepar a la cocina, tropezarse, caminar sobre la batería como si fuera una escalera y romper la escenografía preparada especialmente para la ocasión y no quedar como un idiota repulsivo y en pose sino como un hombre en llamas que salvará al rock & roll para siempre. Jon Spencer lo hizo en la presentación en Australia de Now I got worry, el disco que editó en 1996 con Jon Spencer Blues Explosion, que casi 20 años después sigue sonando ruidoso, elegante e irresistible.

UNO DE NOSOTROS

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Por Bruno Bauer :: @bauerbrun

Ahora dicen que la política nos cansó. Luego de la guerra por los símbolos, la liturgia jacobina y la saturación del espacio público, todo ello con el bajo continuo de la inflación y la restricción cambiaria, los nervios de la sociedad comenzaron a resentirse. El Estado pareció ausente y excesivo al mismo tiempo, se extrañó la gestión y la representatividad mansa. Se extrañó a la sociedad civil y a su condición de ser, el mercado. Esa nostalgia por lo social tuvo formas múltiples y perturbadoras: la épica del sojero, la ciudadanía  cacerolera, la realpolitik del puntero en contra del militante de lo abstracto. Sin embargo esos no eran más que híbridos, estaciones intermedias hasta llegar a la base material de “lo social”, el magma del civilismo histórico: el individuo racional y libre.

Si alguien parecía destinado a recuperar esa materia prima del liberalismo for dummies era Mauricio Macri: criado en las recámaras de la Argentina empresaria, campeón de América, la mitad más uno, secuestrado, hijo, bello, no excesivamente inteligente. Macri expresaba mejor que nadie eso que la sociedad supone que es la sociedad: familia y mercado, abulia y prosperidad, trabajo, charla de fútbol, casual friday y alguna fiesta para bailar en camisa y zapatos. Pero algo olía mal en todo esto. Quizás era demasiado social para una corporación política que le bancó los trapos al sistema en los días ardientes de 2002. Demasiado cheto, demasiados apellidos del Newman, demasiada soberbia ética y eficientista del que nunca tomó decisiones públicas. “El país atendido por sus propios dueños”, decía Verbitsky sobre De Narváez, ese sucedáneo groncho de Macri, y, antes que expresar un repudio de clase, manifestaba el resquemor de los políticos profesionales ante la posibilidad de perder su campo específico, la representación, en manos de tecnócratas y ONGs adoradores del mito de la sociedad civil.

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CERATI. LA BIOGRAFÍA, DE JUAN MORRIS

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Por Bruno Bauer :: @bauerbrun

La sociedad de mercado, a lo largo del tiempo, ha relatado siempre dos historias: la del self made man que se hace de abajo y la del Charles Foster Kane que llega y muere, aislado y decadente. Las biografías de rockeros suelen combinar ambas. Cerati. La biografía de Juan Morris parece casi haber encontrado un camino alternativo, en donde se cruzan dos senderos muy distintos.

La era de la inmadurez

“¿Dije muchas estupideces?” El Cerati de Morris abre su relato inseguro y vanidoso, y no dejará de serlo a lo largo de todo el libro. Pasando de novia en novia, incapaz de sostener una relación, refugiándose en la casa materna ante cada crisis personal, abrumado ante las posibilidades abortadas o efectivas de ser padre, Cerati parece otro militante de la Peter Pan, incapaz de madurar, buscando rodearse siempre con amigos más jóvenes y novias casi adolescentes, “sus relaciones no podían soportar el momento en el que las mujeres estaban por cumplir 30”. Con más de cuarenta años, se quedaba largo tiempo frente al espejo después de cenar, dándole volumen a su melena decadente para ir a bailar a Morocco, mientras su mujer y sus hijos lo veían desde la puerta del baño, “se encontraba saliendo a la noche, volviendo con chicas al hotel, rodeado de gente más joven, y a veces no podía evitar sentirse un poco patético”. Se notan las fuentes femeninas del relato, las ex novias de Cerati y, en especial, su madre en la construcción de ese Cerati infantil, casi fetal.

El problema de la vida de Cerati es que se parece demasiado a las letras de Cerati, con viñetas emocionales y/o sensuales de una obviedad casi vulgar: Gustavo desparrama sus primeras ganancias sobre el cuerpo de su novia en la cama, que arroja los billetes al aire mientras él llora; Gustavo planea su casamiento con la novia entrando con un vestido de encaje negro bordado con piedras de azabache y ébano mientras suena Alive and Kicking; Gustavo divaga con ser padre mientras conduce su descapotable y escucha a Phil Colins en el estéreo; Gustavo lee a Chopra y se enreda en largas charlas sobre el Triángulo de las Bermudas o preguntándose por qué el Vaticano fue decorado por banqueros judíos, y así…

Es un mérito de Morris haber construido un buen artefacto estético con esa materia prima tan mediada, con algunas desprolijidades (la repetición de fórmulas hizo a que un par párrafos se parecieran mucho) y buenos momentos literarios, como la crónica del último día de Cerati antes del ataque que abre el libro, o el cierre, que repite ese día intercalando el trayecto del coágulo desde algún lugar de las arterias de Gustavo hasta su cerebro.

Sin embargo, ese mal gusto existencial de Cerati quizás expresa una realidad más profunda: Gustavo era un producto de la movilidad social ascendente aún posible en la larga agonía de la Argentina peronista: primero su padre y luego él fueron empresarios de sí mismos, empeñados en sobrevivir en una sociedad de mercado a fuerza de trabajo y adaptación. La paradoja aquí fue el choque con los restos de la Argentina patricia reconvertida en la bohemia plebeyista de los ex hippies de Los Redonditos de Ricota o de ese niño bien italiano malcriado en Inglaterra, Luca Prodan. Una suerte de lucha de clases desvirtuada que estalla en los 90s, cuando la movilidad social se cierra para siempre, y que el libro de Morris tiene la sabiduría de recoger.

El sonido de la música

A contrapelo de ese relato de inmadurez, Morris se las arregla para contar otra historia, la de Cerati con el sonido. Cada estación afectiva del biografiado tiene su productividad musical: la discoteca setentosa y progresiva de su adolescencia, luego traicionada por el contacto con la modernidad pop mientras estudiaba publicidad, la incansable búsqueda de un sonido, que, curiosamente, siempre testeaba en mujeres: su madre, sus novias y ex novias.  Es Tashi Chomyszyn la que le sugiere un sonido más oscuro para Soda Stereo y la primera en escuchar, años después, La ciudad de la furia, compuesta sobre arpegios y personajes de la infancia de Cerati. Luego vendrá el quiebre compositivo de Canción Animal, cruzado por el noviazgo casi porno con Paola Antonucci y la amistad, también erótica, de Daniel Melero. El duelo por la enfermedad y muerte de su padre lo hunde en una catarsis sonora que parirá Colores santos y Dynamo. Desde entonces, Cerati se comporta como un arquitecto musical, obsesionado con la construcción de sonidos, como esa noche chilena en que atravesó un temblor sentado bajo el dintel de una puerta, con un casco, sin poder dejar de pegar samples en su laptop. El libro termina con un relato detallado de la gestación de Fuerza natural, el último disco de Cerati, una verdadera operación de deconstrucción sonora de aquella discoteca traicionada de los setentas.

Una vez más, la aventura musical de Cerati tiene un trasfondo social que él quizás nunca advirtió. Hay un debate clásico sobre el rol del arte en una sociedad capitalista: György Lukács sostenía que el arte debe recomponer la totalidad perdida por el Hombre en la alienación capitalista, y proponía a Tolstoi, o La Marsellesa, como modelos; Theodor Adorno respondía que, por el contrario, el arte debía expresar esa alienación, como lo hacían Kafka o la música dodecafónica. La larga crisis de los ochentas lo encontró a Cerati en pleno plan pop de recomponer musicalmente mediante canciones perfectas, tonales, eso que en la sociedad se había roto. A partir de los noventas, la revolución capitalista y su consecuente dislocación social, mereció otra respuesta musical: la purga del aturdimiento sonoro, la fragmentación del sampling, el lenguaje abstracto de la electrónica. Así atravesó Cerati la crisis del 2001, con su disco más disperso, Siempre es hoy, antes de volver al clasicismo pop rock de Allá vamos en 2006, con el mercado interno reconstruido sobre la expansión sojera y la sociedad pacificada por una nueva hegemonía política.

En septiembre de 1858 Richard Wagner le escribía a su amante, Mathilde Wesendonk: “Y es así que la ópera Tristán fue completada. Y, si puedo, volveré con ella a verte, a consolarte, a hacerte feliz”. Un mes después, el músico anotaba los verdaderos motivos en su diario: “Estoy, ahora, volviendo al Tristán; esta obra puede hablar del profundo arte del silencio resonante”. Más allá de los avatares afectivos de un artista, la música es el arte del sonido más que la expresión de una vida. Es un mérito de la biografía de Morris dar cuenta también de ello.

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TALLY HALL – GOOD DAY

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Por Geraldo :: @notevayas

Divertidísimos los Tally Hall. La comparación con los también americanos They Might Be Giants es inevitable, y creo que en ella salen ganando: son cinco en vez de dos, compositivamente no tienen nada que envidiarles y, como si todo ello fuera poco, cantan infinitamente mejor. Les falta, claro, la trayectoria. Contra la infinita discografía de los Gigantes, TH ha publicado solo dos discos en casi 15 años de andar, el que aquí se glosa en 2005 y el siguiente, “Good and evil”, en 2011.

Cualquier cosa puede pasar en estas canciones, cualquier género puede sorprender a la vuelta de un estribillo o una estrofa: hip-hop, country… ¡mambo! En Good Day, que abre el disco, su casi-hit, está todo lo que son: el rock, el pop, las armonías, los timonazos impensados dentro de la misma canción, la veta comediante… Imposible aburrirse con estos pibes.

DEMOCRACIA

Democracia

Por Bruno Bauer :: @bauerbrun

DOS PAPAS

(150528) -- ROMA, mayo 28, 2015 (Xinhua) -- El papa Francisco (i) se reúne con el expresidente de Uruguay, José Mujica (d), en una audiencia privada en la Ciudad del Vaticano, en Roma, Italia, el 28 de mayo de 2015.  (Xinhua/L'Osservatore Romano/ANSA/ZUMAPRESS) (jg) (sp) ***CREDITO OBLIGATORIO*** ***NO ARCHIVO-NO VENTAS*** ***SOLO USO EDITORIAL*** ***DERECHOS DE USO UNICAMENTE PARA ASIA, AUSTRALIA, MEDIO ORIENTE Y NORTEAMERICA***

Por Esteban de Gori :: @edegori

Santos militantes

El mundo occidental posee dos Papas. Ambos se inscriben en universos morales que mantienen léxicos y preocupaciones comunes. Un Papa cristiano y otro laico. No están enfrentados; saborean el mismo pastel. Un fenómeno de época reúne a Francisco y al “Pepe” Mujica, los cuales congregan los “condimentos” de una moral de la que se sirven varios gobiernos. Dos Papas para un extenso “menú”. Una moralidad bicéfala de pobreza y austeridad que intenta resistir el hiperconsumismo y rescatar el halo bienestarista que habita como vieja memoria en el capitalismo. Aquel que protegía a los ciudadanos de su íntima ferocidad. Esta no es cualquier moralidad sino una que reactualiza palabras de ciertos humanismos y cristianismos e inclusive de la virtú del republicanismo (no olvidar que “bien común” es un vocablo compartido por todos éstos).

Bergoglio en nombre de la pobreza y la austeridad se hace Francisco. Apela al santo de Asís y a su vida desinteresada. Se apropia del santo militante –tan teorizado por Antonio Negri- y se convierte en conciencia y joker para las dirigencias políticas. El Pepe Mujica en nombre la izquierda se enrola en el culto de la sobriedad. A diferencia de Francisco, se sumerge en una “pobretización” de su vida –una suerte de proletarización del cargo presidencial-. Levanta con el auto oficial a un tipo que hace dedo, ofrece su casa para refugiados, hace un video donde reivindica el tiempo y una vida en detrimento del consumo. Vive entre los animales, como San Francisco de Asís. Todos lo quieren, como un “buen salvaje de las izquierdas”. Nadie quiere matarlo. No es Kennedy o Castro. No hay derechas que lo acosen en su vida privada, no hay izquierdas que lo sometan a una búsqueda de mayor radicalidad. Solo buscan algo de él: una “libra” de moralidad. La fragilidad de su seguridad se articula con una armadura ética que lo libera del pasado guerrillero, que lo atempera. Mujica es el horizonte moral de algunos mandatarios y una caja de herramientas viviente para componer dicho horizonte. El buen “Pepe” es un peregrino de izquierdas que regaña. Lo hizo con Chávez. En el libro “Una oveja negra en el poder”, dice: “Le advertí desde el principio, cuando asumió la presidencia de Venezuela, que no iba a construir el socialismo. Y no construyó un carajo”. En una entrevista en El País de España se metió con Dilma. En ésta indicaba que “La corrupción mata a la izquierda, lo de Brasil es inexplicable” y en esa misma advertía del estancamiento de la izquierda latinoamericana.

A su vez, es reconocido por presidentes que podrían considerarse entre sus adversarios. Ante la visita del presidente uruguayo a EEUU, Obama reconocía que “El presidente Mujica tiene una extraordinaria credibilidad en lo que se refiere a asuntos de democracia y derechos humanos, dados sus fuertes valores y su historia personal, y es un líder en estos asuntos en todo el hemisferio”. En su cuenta de Twitter, el presidente colombiano Santos, expresaba la preocupación de Mujica por los Diálogos de la Paz: “Bienvenidos los buenos oficios de ExPdte Mujica que como muchos quiere apoyar la paz de Colombia”.  Pepe es el más allá de las izquierdas, representa su búsqueda moral. Una new age para ese universo ideológico. Comprendió sus complejidades y sorteo sus dilemas construyendo eticidad que lo coloca en otro lugar.

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Uomo di stato, uomo de cuore

El eclipse de liderazgos envolventes, como el de Hugo Chávez, ha permitido la consolidación de otras referencias. En este caso, más moderadas. En un mundo que hace de la realpolitik un culto literario y práctico, una moral humanista se consolida con Mujica y Francisco. El primero, busca reconducir el espíritu de las izquierdas y presentar cierto modelo de “buen gobernante/ciudadano” y el segundo, instalarse como árbitro pacificador en diversos conflictos (Colombia, Cuba, etc.). El ángel pacificador. “Paz y Buen gobierno”, podría el lema del dúo rioplantense. También podrían considerarse dos modus operandi de la gubernamentalidad que imaginan. Dos horizontes que se integren a la política, tanto como deseo o apelación. La ejemplariedad humanista con ciertos trazos de novela rosa se hace su lugar y busca deslizarse por fuera del universo pospolítico, como de las perspectivas “hiperideologizadas”. Una estrategia de reencantamiento de lo político que sale a escena.

Ahora bien, existen diferencias entre estos dos hombres que están cerca del Leviatan. Francisco piensa desde el Estado la geometría de fuerzas nacionales. Es un uomo di stato. Si éste ya no puede lograr que los hombres y mujeres entren al Edén sin muchos sufrimientos, puede aspirar a incluirse como un actor de peso en la dinámica estatal, ya sea para forzar, defender o establecer ciertas posiciones. El Papa busca administrar almas, relaciones internacionales y, sobre todo, construir el monopolio legítimo de la Paz. Mujica, pese a su paso por lo estatal, piensa en el “corazón” del individuo. Un uomo di cuore. Allí, entiende que se encuentra la batalla de la política. El político, de esta manera, se vuelve en su universo magistra vitae del individuo.

Salvaciones

Los dos Papas provocan fascinación e impactos en los discursos políticos. Ambos se vuelven límites, fronteras móviles y citas de autoridad para múltiples referencias a la condición humana. Una interpretación de lo justo (en términos políticos) y cierta idea de la “salvación” (presente y futura) provocan adhesiones en un territorio subjetivo sometido a las arenas movedizas de los flujos financieros.

El hombre tiene que afirmarse y salvarse, ya sea por imperio de una renovada fé o por el reconocimiento de lo propiamente humano en un mundo atrapado en el consumismo.  Francisco y Mujica vuelven a las palabras “simples”, a cierta “bonachonería” del mando, a lo “humano” como fin en sí mismo y a las reflexiones que la gestión del mundo público desplaza. Una lenta “franciscalización o pepeización” de la moral política avanza, sus acciones y palabras se vuelven un lenguaje disponible para diversos gobiernos y, en algunos casos, palabra autorizada para algunos opositores.

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HHHH – INTRO

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Por Bruno Bauer :: @bauerbrun

Hace unos años conocimos a Poxy Club, el proyecto de Mateo Yaya y Rodrigo Casas dedicado a fondear los usos y costumbres del vecindario ABC 1 del corredor norte, desde San Isidro hasta Nordelta, y al mismo tiempo agotar el repertorio de recursos que brindaba la historia del tecno pop.

Pero los chicos crecen y los chistes se acaban. Luego de editar Children of the Matrix y tocar con Leo García, Poxy Club se disolvió y Mate Yaya formó HHHH, un proyecto electrónico muy laburado, cuyo debut, Intro, remite tanto al sonido nocturno de Caribou o Crystal Castles, como a los momentos más ceratianos de Melero, o viceversa. Disfruten.