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SEGUNDO TIEMPO

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Por Alejandro Sehtman* :: @sehtman

Todavía se sentían las réplicas del terremoto causado por la Resolución 125 cuando la revista política inglesa New Left Review publicó un artículo titulado “El fin del kirchnerismo” (1). Su autora, la socióloga argentina Maristella Svampa, afirmaba que “la situación tal y como está marcará probablemente el final de la era K y sus tímidos experimentos con la construcción de una coalición de centroizquierda, despejando el camino para que el sistema tradicional de dominación peronista retorne con venganza”. En efecto, la foto de mediados del 2008 mostraba al kirchnerismo lamiéndose la herida narcisista infligida por la masividad de las protestas en su contra en el seguro refugio del poder territorial y sindical del peronismo.

Como se sabe, el kirchnerismo no sólo no terminó en 2008 sino que encontró en el conflicto con el campo el ímpetu para gobernar por mano propia. Svampa identificó correctamente el fin de la experimentación política coalicionista (la transversalidad, la concertación plural). Pero lo que sucedió a las alianzas construidas durante el primer mandato no fue un repliegue sobre el peronismo sino el desprendimiento de todas las mediaciones políticamente organizadas con la sociedad, incluida la del propio peronismo, tal como dejó en claro Néstor Kirchner al usar su derecho a permanecer callado en el acto de asunción de la presidencia del Partido Justicialista.

Desde ese convulsionado 2008 y durante siete años (con sus tres elecciones nacionales correspondientes), el fin del kirchnerismo permaneció como una de las principales preocupaciones de la política argentina. Para 2015, la imposibilidad constitucional de una nueva reelección de Cristina Fernández primero y la consagración de Daniel Scioli como candidato después parecieron configurar un escenario donde, más allá de quien resulte ganador, el fin del kirchnerismo estaba garantizado. La supuesta similitud de los tres principales candidatos, atribuida a su (falta de) orientación ideológica o a su condición generacional, parecía garantizar por sí misma una superación de la larga década K.

Pero las cosas no sucedieron de ese modo. Lejos de presentarse como una de las alternativas de salida, diferentes factores fijaron el domicilio político de Scioli en la tambaleante casa kirchnerista. Fue a partir de ese posicionamiento que la antinomia cambio/continuidad devino el principal ordenador de la competencia electoral. El diario del lunes 26 de octubre nos trajo los resultados de esta configuración del espacio político: la base electoral de Scioli casi no excedió la que hubiera tenido alguno de los precandidatos kirchneristas que se habían dado el baño de humildad correspondiente. Cuando todos esperaban que la alquimia constitucional surgida del pacto de Olivos le diera una victoria módica, el candidato no tuvo más votos que el proyecto. Sigue leyendo

PARA LA VICTORIA

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Por Alejandro Sehtman :: @sehtman
Daniel Scioli es el candidato. La ducha de humildad le enjuagó el camino, liberándolo de quienes creyeron que el pueblo kirchnerista podría elegir a su pastor en la aberración (políticamente inspirada y politológicamente diseñada) de las primarias abiertas. El humillante concurso de belleza del que participaron Amado Boudou, Carlos Tomada y Daniel Filmus cuatro años atrás en la CABA debió haberles servido de lección: con la candidatura no se jode.

En alguna ya lejana lectura parauniversitaria encontré una llamativa definición respecto de la monarquía absoluta: si soberano es quien decide, soberano no es el rey sino el derecho dinástico. Porque es la dinastía y no el monarca quien indica al sucesor. En la democracia el soberano del Estado es el pueblo. Pero el soberano de las fuerzas políticas es quien decide quién es candidato y quién no. El que pone y saca de las listas. El que unge.

“Todo cuerpo tiende a mantener su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas ejercidas sobre él”. La primera ley de Newton lo dice todo. Pero lo que aparece hoy como la vía natural, no es sino la última de sucesivas formas de continuidad que se propuso el kirchnerismo desde 2010. Hagamos memoria.

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TIEMPO DE DRONES

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Por Alejandro Sehtman :: @sehtman

Hasta recién nomás era entretenido constatar periódicamente las paradojas del abandono de la robótica en beneficio de la informática. Hacia fines de los ochenta, que es igual a decir hacia fines de la Guerra Fría, la tecnología para las masas pasó a desarrollarse casi exclusivamente bajo la forma de ordenadores interconectados. Nada de robots que nos preparen el desayuno, sólo pantallas que nos comuniquen con todo lo demás. Veinte o treinta años de avance tecnológico para llegar a los 140 caracteres del twitter o los emoticones del whatsapp.

Por las razones que fuere, el proceso de robotización de la vida doméstica se detuvo inicialmente en su fase higiénica: el lavarropas y el lavavajillas generaron un profundo cambio social al permitir, contrariamente a lo que se piensa, la emancipación masculina (qué sería del hombre-solo sin esos artefactos) pero no lograron abrirle la puerta a nuevas incorporaciones. De esta manera, la robótica quedó mayormente circunscripta al ámbito de la producción, donde derrotó incluso a los poderosos sindicatos de la industria automotriz mundial.

Así, mientras la informática se generalizaba de la mano de las telecomunicaciones, los robots quedaron fuera del alcance (y podríamos decir también del deseo) de los consumidores finales. Hasta hoy. Con la difusión de los drones, por primera vez en la historia el público general puede acceder a robótica similar a la que usan las grandes corporaciones. En una juguetería puede comprarse algo bastante parecido a lo que usan los ejércitos y están probando las grandes empresas de logística.

Los drones aparecen como el testimonio de lo irreductible de la dimensión física de la realidad. No todo es palabras que pueden oírse o leerse cualquiera sea la distancia. Si no es alguien, algo tiene que estar ahí. No en todos lados sino en un lugar determinado. Una bomba o un paquete con la compra del día. Los drones empiezan donde termina la virtualidad de la palabra.

Syriana primero y Homeland después nos trajeron, a través de la pantalla, claro, la discusión en torno a los límites del uso robotizado de la fuerza. La eliminación física vs. la inteligencia. La muerte vs. la hermenéutica. No es paradójico que Carrie Mathisson y Saul Berenson necesiten siempre a todos vivos. Quizás la disyuntiva subestime el carácter expresivo de un bombardeo (que Michael Collins reivindica en el film homónimo cuando le explica a su amante que los atentados son algo así como cartas a las autoridades). Pero lo cierto es que en la reducción de todo a la moneda que tiene la vida en una cara y la muerte en la otra los robots quedan inexorablemente del lado de la segunda (y por eso tal vez los hayamos limitado al mínimo en nuestra intimidad).

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ATAQUE OCHENTOSO

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Por Alejandro Sehtman :: @sehtman

Los jóvenes quieren guerra y los viejos quieren paz. Pero no son los setentas. Son los ochentas. No es Perón. Es Alfonsín. Todos los jóvenes en la verja de Campo de Mayo, listos para saltar e inmolarse por la incolumidad de la democracia. Todo resuelto por el viejo en un mano a mano con Rico y algunos héroes de Malvinas. [Alfonsín es un Suárez al revés: no hizo Moncloa pero arregló con su tejerazo]

La herida narcisista sigue abierta. Y los defensores de la democracia seismesina siguen durmiendo con un ojo abierto y la oreja contra el piso. Hacen guardia en la puerta de la neonatología política. Nació antes de tiempo, la democracia. Puede morir antes de tiempo. Es frágil, piensan. Hay que defenderla, piensan. Ven por todos lados sombras que se mueven. Sueñan con serpientes.

Todavía le preparan la vitina, a la democracia, para protegerla de las corporaciones, de todos los poderes que la circundan. Y después le festejan los provechos. Ah, cuánto les gusta cuidar a la democracia del pueblo de los poderes ocultos que la acechan. Cuánto les gusta decir que acá, allá y en todos lados se esconden los peores peligros, los peligros secretos. El poder, dicen, está en otro lado. Siempre.

Pero no es el pueblo el que tiene que defender a la democracia. Es la democracia la que tiene que defender al pueblo. Ya está grande. Ya ajustó. Ya reprimió. Ya dolarizó. Ya devaluó. Ya se endeudó. Ya defaulteó. Con la democracia se come o con la democracia nos cagamos de hambre. Pero con la democracia. Que ya está bien crecida. No hace falta una cadena popular con pecheras celestes y blancas que le dé la mamadera.

El trauma no es de los setentas. Es de los ochentas. Es la idea de la victoria mancada. Del Nuremberg traicionado por la obediencia debida, el punto final y los indultos. De la democracia que negocia con bigotudos con la cara pintada de betún. De la democracia extorsionada por alzamientos y paros. Pacto militar-sindical. Como si en la república sólo habitara la diafanía del voto. Cuánto la quieren pura, a la democracia. Como Laura Ingalls que corretea por la colina sin que nada ni nadie manche su inocencia.

Ven una democracia de corderos acechada por lobos. Quieren defenderla. Pero la democracia es un asunto de y para los lobos. Nadie es inocente. [“Qué es el gobierno si no la mayor de todas las reflexiones sobre la naturaleza humana”]. Los ángeles no gobiernan ni son gobernados. Los argentinos sí.

BARCELONA

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“[…] y en medio de su bienestar se adivina un anhelo de grandeza y de alegre lujo”.

Barcelona: las burguesías mediterráneas — José Luis Romero

Por Alejandro Sehtman :: @sehtman

Quiénes fueron los primeros no podemos ya saberlo. No creo que se dieran cuenta de que eran pioneros. Pero en algún momento lo pensaron y lo hicieron y así inauguraron una forma nueva de la esperanza. Irse.

Irse a Barcelona.

(La ciudad había firmado su ficha de inscripción a la globalización para las olimpíadas de 1992 -y lo mismo había hecho España con la Exposición Universal de Sevilla del mismo año-. En 1993 el PSOE pierde la mayoría absoluta y tiene que aliarse con los catalanistas de Convergència i Unió para formar el cuarto y último gobierno de Felipe González. Es el principio del fin del Gonzalato y el principio del principio del catalanismo arrogante). Sigue leyendo

Goodbye China

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Por Alejandro Sehtman :: @sehtman

Siempre quise tener una abuela como China.

No conocí a ninguna de mis abuelas. Seguro que no eran como China.
Nuestra mejor actriz nació en esa provincia fértil y orgullosa que es el Uruguay.
No sé cuándo alcanzó esa cima de la actuación que es cuando los actores hacen de ellos mismos en el escenario en la pantalla y todos queremos que lo sigan haciendo.
Esos actores que no hacen de personajes sino que logran que los personajes hagan de ellos.
Elsa hace de China en Elsa y Fred.
Elvira hace de China en Esperando la Carroza.
Pero de todos los personajes que hicieron de China, el que quiero guardarme es el de la abuela que tiene el dato de donde vender oro y alhajas.
Sólo ella y Mirtha pudieron hacer que algo que debería ser dicho discretamente pudiera ser dicho en público con tanta intimidad.
Vendé. Vendé. No está mal. No es traición.  Eso te pertenece. Usá el pasado para lo que te sirva hoy. Hacelo efectivo. Ahí no te van a cagar. Te lo digo yo.
Gracias por ser nuestra cómplice, China.
Yo sé que nos vas a seguir perdonando desde un sofá todas las veces que no sepamos, no querramos, o no podamos ser mejores.
Tu ojo guiñado nos redimirá siempre.

Consumo personal

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Por Alejandro Sehtman
Asistimos, si es que puede asistirse a algo en este mes claramente expresivo que es diciembre (ese diciembre que se prolonga hasta el punto de sacrificar en su altar a nueve socorristas. Oh! perverso y expresivo diciembre).
Asistimos, sepámoslo, a otro intento más de realización de un viejo sueño húmedo de la Argentina.
El sueño de la sustitución de la esfera de la producción por parte de la esfera del consumo.  
 
En los capítulos anteriores vimos cómo el instrumento recuperado de la negociación paritaria dejó de servir para discutir ganancia para pasar a ser el autódromo de la carrera contra la inflación. Ahora podemos ver cómo la batalla final toma la forma de una litadelazarización total de la Argentina. Cada consumidor es un combatiente de la guerra contra los aumentos de precios. En la esfera del consumo todo precio es político. Responde a una voluntad.

el mapa y el territorio II

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Por Alejandro Sehtman

La refundación democrática incluyó una ambiciosa propuesta de reformulación territorial, que contemplaba el traslado de la Capital a Viedma y la creación de una nueva Provincia del Plata. Pero esa propuesta no bastaba por sí sola y los planes aún siguen pendientes.

“Es indispensable crecer hacia el Sur, hacia el mar, hacia el frío”. La afirmación de Raúl Alfonsín, al anunciar en abril de 1986 el traslado de la Capital Federal a Viedma/Carmen de Patagones, debe leerse como el complemento de aquella que reivindica los poderes nutritivos, educativos y curativos de la democracia. Porque a pesar de su fama dispar, las dos apelaciones alfonsinianas (unidas por una misma forma retórica triple) resumen dos componentes fundamentales del ethos de las transición democrática: la fe en la potencia redistributiva de los derechos políticos recuperados y la voluntad de refundación político-institucional de Argentina con una importante atención a su dimensión territorial. Sigue leyendo

Estaba en llamas cuando me acosté

Enganchadito. Dominguero. Huelga y saqueo. Subí un toque el aire.

Los saqueos son acontecimientos sumamente disruptivos, alteran las reglas y los sentidos incorporados, vienen a cuestionar la propiedad privada que todos tenemos interiorizada en el marco del capitalismo. No son un abrazo simbólico, sino una expresión de violencia colectiva que degrada el tejido social. Por ello generan sentimientos encontrados de pedir represión, orden y denominar delincuentes a los saqueadores. Desde una mirada popular no se puede reivindicar la movilización como expresión de demandas y reivindicaciones y al mismo tiempo elaborar teorías conspirativas sobre los saqueos según nos convenga o leamos la correlación de fuerzas de ese momento. Lejos de una posición celebratoria, hay que discutir esos fenómenos libres de prejuicios y de visiones estigmatizadoras que poco ayudan a la comprensión, e incluso a la prevención, de tremendos acontecimientos en la dinámica política.

Córdoba es entre otras cosas un cruce explosivo de lógicas de exclusión que dejaron en la desigualdad abisal, “gritante” y congelada, un “pueblo” entero. No reivindico el saqueo, no lo miro románticamente. Tampoco creo que sea sólo espontáneo, pero entiendo el carácter masivo del horror que emerge para todos lados cuando uno de los principales reaseguros de ese orden era la presencia constante, masiva, pedagógica, correctiva de una policía que desapareció de la ciudad. La córdoba dividida y desigualada a la fuerzan ha mostrado por un segundo la arquitectura y el dolor generalmente enmudecidos de su constitución social.

Un síndrome más vasto pareciera subsumir estos fenómenos. Tal vez los saqueos, el narcotráfico, la marginalidad, el racismo, las mafias, los delitos contra las personas y la propiedad, las barras bravas, la corrupción, la decadencia institucional puedan considerarse expresiones de una anomalía mayor, que envuelve a la sociedad argentina como a tantas otras en el mundo: el embrutecimiento social. Este fenómeno no tiene una ubicación precisa en la teoría sociológica, más bien condensa lo que el sentido común experimenta ante la degradación de los vínculos humanos. Según el diccionario, “embrutecer” es privar de la razón, no tener medida, promover la violencia, la falta de civilidad y respeto.

Sería arriesgado (y creo, equivocado) aventurar que quienes participaron de los “saqueos” a los supermercados intentaron alterar el balance del poder en la ciudad de Córdoba. Sin embargo, la manera en que distintos actores hablan de la violencia colectiva -invocando necesidad, llamando al orden, expresando temor- reconoce paralelos con otros lugares y otros tiempos. La violencia colectiva rara vez es espontánea, suele ser relacional (esto es, nadie la ejerce de manera aislada, sino en conjunto con otros en los que confía, usualmente por pertenencia barrial, identidad generacional o alguna otra característica en común) y responde no a demandas insatisfechas, sino a oportunidades para la acción. La oportunidad hace al saqueador.

 En suma, ya no es necesario apoyarse en la hipótesis endógena (la catástrofe, la situación de gran crisis, como en 1989 o 2001), pues la base de los saqueos es un escenario agravado por las desigualdades socio-espaciales y crecientemente marcado por la problemática de la inseguridad urbana. Quizá lo novedoso de estos saqueos es que las fuerzas de seguridad, como agentes promotores, ahora son conscientes de su capacidad de presión (el poder político habla de “extorsión”); más aún, conscientes de que en su calidad de carceleros pueden activar de disparador, liberar de vigilancia al muro (invisibles o explícitos) y abrir así la caja de Pandora. 

Nuestro mundo simbólico actual disuelve completamente la idea de que haya un sector social fuera de todo orden, caído de toda relación, separado de cualquier forma de conciencia. Sólo puede estar abandonado aquello que tenemos dentro del orden social. Son los criminales que nos hemos dado. Las gorritas arriba de motos a 5000 pesos en cuotas, motos del modelo nacional y popular, saben lo que expresan: arrebatan violentamente aquello a lo que jamás van a llegar –no solo el aceite y el arroz– que es lo mismo que aquello que constantemente deseamos todos. La economía política macro no es práctica política micro de las zonas de abandono: comen todos los días, van a la escuela y sus padres cobran la asignación. ¿Alcanza eso para tabicar la frustración diaria de sus deseos de negros de alma? No. Justamente. Ahora las cosas son transparentes: es para regular esa frustración que existe la policía. Mirá cheto puto, mirá como me hice alta llanta. Mirala, puto, por Facebook.

…ninguna comunidad política puede existir sin espacios comunes; ninguna comunidad puede ser sólo la agregación de grupos diversos que viven sin encontrarse. La nueva ciudad, la nueva escuela, la nueva salud: instituciones cuya existencia se predica en el valor social de la identidad con uno mismo: lo igual a mí me tranquiliza; lo distinto a mí me causa pánico. El peligro es que, de ser así, el otro pasa a ser sólo un imagen fantasmática, sin existencia real, alguien que es siempre y sólo amenazante. O, peor, aún, el único encuentro entre las clases se da en ocasión de la violencia: o el delito,o la represión. Así, se fortalecen los fantasmas: todos los pobres vienen a robarnos, el Estado sólo existe para reprimirnos.

Los 30 años de la restauración democrática se conmemoran con la intervención en la escena pública de las corporaciones policiales de diversas provincias, instituciones muy poco pensadas por las clases políticas provinciales y nacionales. Ellas, habían quedado al margen de la historia democrática, las dejaron lamer sus heridas, reconstruyeron una mística corporativa aliada a la represión cotidiana a pobres y jóvenes y el día que pudieron blandieron –con cierta justeza y con las palabras de la época– el reclamo de aumento salariales y mejores condiciones laborales.