AMOR AMARILLO

Larreta Por Tomas Borovinsky :: @borovinsky Este año no tendremos mundial pero con suerte, los habitantes de la ciudad de Buenos Aires, votaremos seis veces. Y todo gracias a la ciencia política argentina. Bien. Seis veces: PASO en la ciudad, elección en la ciudad, balotaje en la ciudad, PASO en la nación, elección en la nación, balotaje en la nación. Seis posibles pero cuatro seguras. En ese trazado los porteños nos aproximamos a unas extrañas PASO en las que la interna del PRO se comió la elección. De las PASO del PRO saldrá muy probablemente el próximo jefe de gobierno porteño, creen más o menos todos. El resto de los candidatos deben todavía esperar el resultado de esta interna para poder entrar a inspeccionar la cancha y muy probablemente posicionarse como el opositor del que vendrá. Las especulaciones y las conveniencias son variables. El resultado de la interna del macrismo es el tablero mismo porque el PRO, partido con pretensiones nacionales, creado en la era del fin de los partidos, “municipalizó su interna”. Frente a la inexistencia de verdaderos debates presidenciales como los que vemos en las elecciones americanas o francesas, brasileñas o chilenas, y como el que propone Argentina Debate, está ese programa llamado A dos Voces en el que el miércoles pasado se midieron Horacio Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti. Es lo que hay, pero en fin: que florezcan mil debates (televisivos). Fueron tres rounds que concentraron algunos puntos de rating y que pusieron sobre la mesa más o menos lo que ya sabíamos. El debate es una puesta en escena, la política tiene mucho de puesta en escena, que no todos ven pero que tiene resonancias de masas, y de poder, en diarios y programas que expanden el consenso del resultado del debate. Un show instructivo en el que no valen los golpes debajo de la cintura. El debate es un entretenimiento cívico en el que los candidatos hacen uso de la materia prima de la política: la palabra. En la Argentina post-datos recostarse cómodamente en las encuestas es de seguidor de alguna religión excesivamente abstracta y fatalista. Más todavía cuando los candidatos están tan cerca, supuestamente, el uno del otro. Toda encuesta es falsa hasta que se demuestre lo contrario, hasta que sepamos quién tenía razón con los resultados en mano. El debate proyectó en las pantallas verdades ya sabidas. Que Larreta conoce la ciudad como nadie porque, supuestamente, la gobierna. Que Michetti apuesta a la emocionalidad. Que Larreta es el ungido de Macri. Que Michetti encarna la importancia de los valores de la nueva política. La contienda tuvo sus altos y sus bajos y en cierto modo Larreta intentó llenar el tiempo con datos y conocimiento mientras que Michetti buscaba llenar el tiempo de valores y, si se quiere, de esperanza y humo. Porque la política es también humo y Michetti es una máquina de humo. Así suena el cassette del debate si uno lo escucha al revés: “vos, Gabriela, sos una vende humo” y “vos, Horacio, sos un técnico”. Horacio es la gestión y Gabriela es la frescura de la nueva política. ¿El aparato contra una outsider? En los cortes de los debates de TN los asesores se acercan al candidato y no es de extrañar que quienes rodeaban a Larreta fueran los pesos pesados de la administración macrista mientras que a Michetti se acercaban desconocidos para el público lego y el no tanto. Por eso fue tan curioso como lógico que Larreta se erigiera como el defensor en bloque de la gestión macrista mientras que Michetti solo parecía resaltar vehementemente los pocos espacios ejecutivos que están alineados con ella (educación y cultura). Pero es lógico: Larreta es el elegido de Macri y Michetti, supuesta amiga personal de Macri (¿y del papa Francisco?), es el soldado rebelde que se negó a saltar a la provincia (cosa que después hizo Vidal) y que después tampoco quiso aceptar, o creer, ser vicepresidenta de Macri. Todo político es un performer, un simulador, cuyo grado cero implica invisibilizar los hilos de su discurso. Hasta el tercer bloque del debate Larreta pareció dominar el escenario a su modo mostrándose prolijo y efectivo aunque acartonado frente a una Michetti tímidamente desencajada. Pero en el tercer bloque, por vez primera, Larreta no solo se puso nerviosho frente a Michetti sino que además prefirió no seguir debatiendo dos minutos más como quería Michetti frente a la propuesta de los anfitriones de TN. Larreta dominó el tiempo pautado (con una ortodoxia del tiempo admirable) y Michetti sumó puntos y espacio en los minutos de debate. En el tercer bloque Michetti lanzó su último golpe al hiperpolitizar el debate (en el buen sentido de la palabra) por unos segundos y señalar que la gestión del presente (Larreta) nubla la mirada del porvenir. Fue en ese momento que por primera vez Larreta incluyó a Michetti al hablar “del equipo”, concepto que fue en el debate una especie de territorio en disputa, una especie de metáfora del cuerpo político del rey (Macri). Para la gestión están los técnicos y el jefe de gobierno porteño es un político que marca la dirección política y valorativa. Punto para Gabriela. El líder es Macri y Macri será presidente, podría escudarse un Horacio optimista. Ahí Michetti tapó el sol de la gestión larretista con la mano de los valores, y en cierto sentido de la voluntad política, esgrimiendo bellas ideas de ciudad sacadas quizás de la contratapa de algún libro de Toni Puig. En este sentido cabe preguntarse si la política-Michetti sería capaz de tomar las decisiones políticas que todo político debe tomar en el poder. ¿No será, paradójicamente, el tosco-técnico más adecuado para “hacer de político”? Hoy, más que nunca, como dijo el líder chino: “demasiado pronto para opinar”. La pregunta por los efectos del triunfo de uno de los dos sobre el otro (resultado inevitable) deberá esperar hasta fin de año para encontrar respuestas. Porque a fin de año asume el próximo jefe de gobierno porteño y porque también el mismo día toma posesión el nuevo presidente. “Técnica y carisma” es el título de esta telenovela amarilla en la que resulta que, a primera vista, los herederos porteños del líder son como desprendimientos salomónicos de lo que supuestamente representa Macri en un solo cuerpo: la tecnocracia y la nueva política y sus valores.

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2 pensamientos en “AMOR AMARILLO

  1. hernan dice:

    Para serte sincero, yo a Michetti la vi muy mal parada en “el debate”. Qué querés que te diga…

  2. Juan di tulio dice:

    Bárbaro lo de Charosky y Argentina Debate. Que después de vaciar poder ciudadano te sobre crédito para continuar la pantomima republicana es genial. Recursos humanos, financiamiento e incidencia de las OSC sería un lindo objeto de estudio para cualquier investigador posmarxista filoitaliano.

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