ATAQUE OCHENTOSO

ochentoso

Por Alejandro Sehtman :: @sehtman

Los jóvenes quieren guerra y los viejos quieren paz. Pero no son los setentas. Son los ochentas. No es Perón. Es Alfonsín. Todos los jóvenes en la verja de Campo de Mayo, listos para saltar e inmolarse por la incolumidad de la democracia. Todo resuelto por el viejo en un mano a mano con Rico y algunos héroes de Malvinas. [Alfonsín es un Suárez al revés: no hizo Moncloa pero arregló con su tejerazo]

La herida narcisista sigue abierta. Y los defensores de la democracia seismesina siguen durmiendo con un ojo abierto y la oreja contra el piso. Hacen guardia en la puerta de la neonatología política. Nació antes de tiempo, la democracia. Puede morir antes de tiempo. Es frágil, piensan. Hay que defenderla, piensan. Ven por todos lados sombras que se mueven. Sueñan con serpientes.

Todavía le preparan la vitina, a la democracia, para protegerla de las corporaciones, de todos los poderes que la circundan. Y después le festejan los provechos. Ah, cuánto les gusta cuidar a la democracia del pueblo de los poderes ocultos que la acechan. Cuánto les gusta decir que acá, allá y en todos lados se esconden los peores peligros, los peligros secretos. El poder, dicen, está en otro lado. Siempre.

Pero no es el pueblo el que tiene que defender a la democracia. Es la democracia la que tiene que defender al pueblo. Ya está grande. Ya ajustó. Ya reprimió. Ya dolarizó. Ya devaluó. Ya se endeudó. Ya defaulteó. Con la democracia se come o con la democracia nos cagamos de hambre. Pero con la democracia. Que ya está bien crecida. No hace falta una cadena popular con pecheras celestes y blancas que le dé la mamadera.

El trauma no es de los setentas. Es de los ochentas. Es la idea de la victoria mancada. Del Nuremberg traicionado por la obediencia debida, el punto final y los indultos. De la democracia que negocia con bigotudos con la cara pintada de betún. De la democracia extorsionada por alzamientos y paros. Pacto militar-sindical. Como si en la república sólo habitara la diafanía del voto. Cuánto la quieren pura, a la democracia. Como Laura Ingalls que corretea por la colina sin que nada ni nadie manche su inocencia.

Ven una democracia de corderos acechada por lobos. Quieren defenderla. Pero la democracia es un asunto de y para los lobos. Nadie es inocente. [“Qué es el gobierno si no la mayor de todas las reflexiones sobre la naturaleza humana”]. Los ángeles no gobiernan ni son gobernados. Los argentinos sí.

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