TEORÍAS CONSPIRATIVAS Y CONSPIRACIONES

Nisman

 

Por Martín Rodríguez :: @Tintalimon

La muerte hasta 1983 era una forma de dirimir la política; la muerte, desde 1983, marca el límite de la política.

Natalio Alberto Nisman murió y no sabemos por qué ni –hasta ahora- cómo. Pudo haber decidido matarse, pudo haber sido inducido a matarse, pudo haber sido asesinado, pero ninguna de las tres hipótesis puede sacar la política de esa muerte. Porque Nisman estaba enrollado en un nudo del Estado: el triángulo de las Bermudas de la “causa AMIA” y su “pista iraní”. Una pista que concentró los recursos judiciales y políticos y que se abroqueló dentro de la lectura de escala global que Estados Unidos y el Estado de Israel dieron de ese hecho de guerra en suelo argentino. Nisman murió y excitó los resortes narrativos y conspirativos: “el fiscal que acusó a la presidenta muere la noche anterior a su Día D”. Y a mucha gente la fácil lectura no es un problema: la obviedad autoral (“fue el gobierno” o su contrario: “fueron los ex servicios para perjudicar al gobierno a favor de…”) no le dice nada. Ni tampoco la endeblez de la acusación originaria del fiscal. Por lo pronto, advierten a media distancia que el Estado es una guerra interior, que la transición va a ser dura. Vamos un poco para atrás.

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