Montoneros

carlotto-estela

Por Sol Prieto :: @prietocandanga 

“Aunque algunos no nos quieran, no hay ningún medio que no haya dicho que esto es un triunfo de los argentinos”, dijo Estela en la conferencia de prensa en la que anunció que encontró a su nieto. ¿Se habrá dado cuenta de la dimensión de lo que dijo? Guido fue criado por un matrimonio de peones rurales. El dueño del campo en el que trabajaban, un hombre muy vinculado a los miltares y a la Iglesia Católica se los dio para que lo criaran y les pidió que no le dijeran nada. Ellos, como tenían miedo, protegieron a su patrón hasta que murió. En ese momento le contaron y Guido empezó a investigar sus orígenes.  En su expropiación, en el hombre que lo entregó a las personas que lo criaron y en su explotación y el chantaje para con ellos, en el hecho de que Guido toque en una banda y haya sido parte de Música por la Identidad, en que se haya acercado a las Abuelas de Plaza de Mayo porque sus amigos de Olava le dijeron “¡eeey sos igual a Estela!”, en todo lo que pasó hoy se comprimieron y se juntaron como en un jueguito de encastres todos los momentos de la historia de nuestro país  desde los gauchos bravos de la pampa campo adentro hasta twitter, desde el nacionalismo católico de los treinta hasta el Papa argentino, desde la última dictadura hasta el kirchnerismo.

“MIlicoooo decime qué se sienteeeee , que hayamos encontrado un nieto máaaaas. Te juroooo que aunque pasen los añoooos, siempreee los vamos a buscaaaaaar”, cantaban unos diez hijos de desaparecidos que se enteraron de quiénes eran porque las Abuelas los buscaron, amuchados en un rincón como podían, porque el salón era muy chico y había como doscientas personas  empujándose. “¡Porque ahora somos más!, ¡las viejas van a brindar!, ¡y los pibes con nosotros van a estaaaar!”. A los quince minutos entraron Rosa Roisinblit, Delia Giovanola, y Buscarita Roa a la sala donde iba a ser la conferencia. “¿Pueden pasar una sillas para adelante que hay algunas abuelas paradas?”, pidió Francisco Madariaga desde la mesita donde estaba sentada una de ellas. Enseguida tres sillas pasaron por la cabeza de los camarógrafos y de los periodistas que estaban sentados y llegaron hasta adelante para que las señoras se pudieran sentar.

Juan Cabandié se paró atrás de las tres, justo en el medio, se agachó un poquito y probó el micrófono: “hola, holaaaaa, hola”, dijo, y la gente hizo silencio porque pensó que por ahí ya empezaba todo. Algunos atrás decían que Guido estaba llegando desde Olavarría en un taxi. Otros decían que Estela Carlotto estaba yendo a Olavarría en un taxi, no se sabía muy bien en qué iba a consistir la conferencia. Entonces, cuando Cabandié probó el micrófono todo el mundo hizo silencio.  Y un golpe y un grito rompieron el silencio porque la sala de conferencias estaba tan atestada de gente que un parlante se cayó en el pie de un camarógrafo. Pidieron un médico, pero  toda la gente estaba tan contenta que a nadie le importó. Cabandié pidió silencio dos veces.  El micrófono no andaba bien. Madariaga lo agarró y lo volvió a probar.  Tenía puesta  una gorrita, una remera roja que dejaba sus brazos ultra mil tatuados al descubierto, y un chaleco negro de esos inflados  y brillosos. “Hola, holaaaa, holaaa”, dijo. Y Y se escucharon aplausos desde la puerta. Entró Estela de Carloto y todos pidieron silencio a la vez y entonces hubo más ruido que en cualquier momento.

“Quiero compartir esta alegría enorme que me da hoy la vida de encontrar lo que siempre busqué”, dijo Estela. Estaba un poquito despeinada pero eso era lo único raro en su aspecto. Estaba entera como en cualquier otra conferencia de prensa. Tenía una polera naranja y un saquito negro. Empezó recordando lo que escuchó de un testimonio de alguien que estuvo en cautiverio con su hija: “Laura mientas estaba en cautiverio decía ‘mi mamá se va a enterar de lo que están haciendo y los va a perseguir’”.  Las personas estaban apretadas entre sí. Algunos lloraban y otros lloraban de más.  “Tengo mis catorce nietos conmigo.  Ya puedo llenar la silla vacía y poner sus fotos en mis portarretratos. Vi sus fotos. Es hermoso. Es un artista, además, como todos mis nietos. Y  es un chico bueno. Y me buscó: vino a Abuelas y fue a la Conadi. Siempre digo que ellos nos buscan a nosotras”, dijo.

Cuando le preguntaron cuándo lo iba a ver, pidió que no lo molestaran porque aunque él mismo había empezado la búsqueda de su identidad, estaba viviendo un cimbronazo. “Tenemos códigos. La historia la vamos a armar pero vamos a ser muy cautelosos. No lo molesten”, pidió, y aclaró que él está bien y que le mandado un mensaje a su tía diciendo que estaba muy feliz.  Contó además que Guido ya sabe que es hijo de desaparecidos, ¡y nieto de Estela de Carlotto! Y que sus sospechas nacieron de que mucha gente le comentaba su parecido. “Muchos le dijeron que era parecido a mí, parecido a los Carlotto, y hoy le podemos decir ‘Sos Guido. Sos Carlotto’.  No quería irme del mundo sin abrazarlo, y pronto lo voy a poder abrazar”. Estela fue después al hueso de todo: nadie que haya sentido amor en su vida, aunque más no sea por una planta suculenta o una tortuga, puede no estar contento por lo que pasó hoy. “Esto es para aquellos que pretenden que olvidemos. En cambio, para los buenos argentinos esto es una reparación”, dijo.  Y contó que fue a ver a la jueza Servini, que lleva la causa por la desaparición de su hija Laura, con mucha tranquilidad, sin esperar nada, hasta que se enteró. Y al ratito le avisaron a la otra parte de la familia, los Montoya:

–Hablé con su tío que vive en  Caleta Olivia, Jorge Montoya se llama. No podía parar de llorar y la abuelita de decir “tengo un nieto, tengo un nieto”—comentó su hija Claudia.

–¡Tenemos! –la corrigió Estela.

Y ahí pasó algo: la relación entre Laura Carlotto y Oscar Montoya fue una relación clandestina. Los familiares de Laura Carlotto imaginaban que Montoya podía ser su papá, pero todo eso lo infirieron de declaraciones de sus compañeros. Cuando estaba explicando esto, hubo un momentito en el que se hizo mucho silencio. Y en el medio de ese silencio, Estela dijo “ellos  fueron Montoneros de los que dieron la vida”.  Y salvo un hombre que estaba atrás que gritó “’¡Bieeeeen!” y aplaudió, después de esa frase hubo más silencio, porque Estela pegó justo en el puntito ciego de las políticas de la memoria y la identidad. No dijo “fueron víctimas del terrorismo de Estado”. Dijo “fueron Montoneros”. Su relación fue clandestina porque ellos vivieron clandestinos. Y vivieron clandestinos porque se armaron contra el Estado. Y se armaron contra el Estado porque quisieron implementar un régimen socialista en un país burgués. Estela lo dijo y los reivindicó como lo que fueron. Eso también es reparador.

2 pensamientos en “Montoneros

  1. Ignacio Velez dice:

    Excelente vuelta de tuerca a las politicas de verdad y justicia. Muy bueno. Al principio luchamos contra la teoria de los dos demonios. Tambien que nuestros compañeros combatientes no eran “estudiantes” ni “profesionales” etc.. sino militantes que enfrentaban a las dictaduras siempre cívicas y militares de la unica forma que era posible mediante la lucha armada. En otro momento al menos a mi, me pareció que de demonio se nos estaba convirtiendo en “angeles” bondadosos verdaderos “apostoles” heróicos, entregados, sin ambiciones personales, etc… Pero lo que nos unía era que todos habíamos sido victima del terrorismo de estado (30 mil de estos hermanos que hoy y siempre nos duelen y otros que estuvimos en cana o sufrimos otro tipo de vejamenes). Pero creo que falta ese reconocimiento por el que ese compañero gritó “bien!!”. Yo como muchos tengo el orgullo de haber combatido como Montonero reconociendo infinitos errores que casi desaparecen cuando siento que fui parte de un proyecto colectivo de liberacion nacional y social. Bueno, gracias por la nota. Conmovedora y con un análisis final de “sintonía fina” (diria Cristina). Abrazos

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