TEOREMA NARANJA

scioli_2015

Por Pablo Touzon :: @PabloTouzon

“Nada más aburrido que un domingo de lluvia, sin futbol, y con De la Rúa presidente”. Cuenta la leyenda que es a partir de esta boutade del eterno Antonio Cafiero que nació la idea publicitaria salvadora de Agulla y Bacceti. Transformar el vacio en sabiduría, la lentitud en tiempismo, la cobardía en paciencia, la nada en algo. Como es por todos sabido, el experimento fue un éxito rotundo en el plano electoral y un fracaso sangriento en el  gobierno. Más valdría, decían algunos, que nunca hubiese pasado de esa extraordinaria campaña, que nunca hubiese gobernado. La solución al mal gobierno, el no gobierno. 

El kirchnerismo tuvo, en este punto, un camino inverso. Su Big Bang, su explosión creadora fundacional, se baso en la decisión política, o lo que algunos llamaron mas académicamente, “la reconstrucción de la autoridad presidencial”. El relato vino después.  El trabajo de deconstrucción de la autoridad presidencial venía de lejos, y fue profundizada por un peronismo atomizado y sin norte. El corte de luz en Chapadmalal, la renuncia vía coaxil en San Luis, y la presidencia “en llamas” de Duhalde (recordar aquella agónica conferencia de prensa del Presidente junto con Estanislao Karlic de laConferencia Episcopal y Carmelo Angulo, de la ONU, en donde era necesariorodearse de instituciones “neutras” para aparecer en cámara) muestran que el peronismo por sí solo no alcanzaba. Kirchner interpreto como nadie ese vacío y se dedico, en su estilo particular, a llenarlo. El Gobierno, en el sentido profundo del término, había regresado. La decisión política también.

Esta decisión coexistía en equilibrio tenso y creativo con la “opinión pública” y “la sociedad”. A veces vanguardia, a veces retaguardia, el kirchnerismo se guardaba bien en esos años de franquear definitivamente el Rubicón que lo convertiría solo en minoría intensa. Y siempre representaba.

Pareció sin embargo enamorarse paulatinamente de su propia voz, y con ese esquema fue rotundamente exitoso. El 54% terminó de liquidar el equilibrio existente entre la decisión política y la Sociedad, principios que divorciados hacen inocua a la primera, y dejan abandonada a la segunda. Lo que siguió abrió la etapa “Danger Four” del kirchnerismo, en donde gente lookeada como Los Beatles interpretaba quizás los mismos temas, pero sonando estructuralmente distinto. Y peor. La forma y no el fondo. La impostura frente a la postura. Y la decisión política una vez más en cuestión, la sociedad reclamando que se la devuelvan por mal uso del poder delegado.

Laberinto por arriba

El proceso del ineludible fin de ciclo es paradojal: se cuestiona menos a “las políticas” (AUH, estatización de fondos de pensión, etc), que a “la política”, el proceso de producción y toma de decisiones. En este punto es donde Scioli parece entroncar de maravillas. Digo, parece.

Scioli parece haber resuelto (y ocho años al frente de la Provincia de Buenos Aires así parecerían atestiguarlo) con maestría el problema de gobernabilidad bonaerense. Y los índices de popularidad refrendan que le sea posible superar la maldición del Gobernador que no llega a Presidente. Scioli sale por arriba del laberinto, su solución al problema de la Provincia es bien simple y bien difícil a la vez: No gobernarla.

El “no-gobierno” está lejos de ser una novedad. Sin ir demasiado lejos en el tiempo, el ibarrismo en la Ciudad de Buenos Aires procedía de manera muy similar: sin los costos de una fuerza propia, ejerciendo al máximo el “loteo” de los puestos gubernamentales entre aliados y enemigos, el archipiélago irregular y algo cansino en que se había convertido la administración reflejaba a pie juntillas este forma de no gobernar. Y funcionó, para su factótum, relativamente bien, hasta que llegó la hora del desastre.

Pero nunca nadie había intentado tamaño experimento en la Provincia más grande y más compleja del país. Scioli corría con una ventaja: el decisionismo extremo de la Presidencia le “subsidiaba” y hacia hasta amigable para sus votantes la práctica de la no decisión. Hacia abajo, el crecimiento en importancia y relevancia de los “mini gobernadores” responde también a esta lógica atomizadora, fenómeno después confirmado en la existencia misma del Frente Renovador. El No Gobierno funcionaba entonces repartiendo poder hacia arriba y hacia abajo, en un ejercicio de extraña “democracia participativa” para la dirigencia bonaerense y nacional. La “gobernanza” sciolista. Todos gobiernan, nadie gobierna. El precio, corroer hasta el máximo el peso y la figura institucional del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, separando al personaje Scioli del ejercicio del Gobierno provincial. Y generar un gran candidato a Presidente. Sin gobierno, no hay costos que pagar, ni deuda pendiente. La cuadratura del círculo al fin encontrada.

Este modelo, replicado a escala nacional, puede aparecer seductor para muchos sectores, sobre todo porque constituye el reverso total y absoluto del ethos kirchnerista, su fin definitivo. Si el principio nuclear del kircherismo remite, más que a las características de sus políticas públicas, o al clivaje izquierdas-derechas,  a la “esencia de la decisión” política, el modelo sciolista, al disolver deliberadamente este principio, es la antítesis perfecta de su continuidad.

En algún sentido, para Scioli (y para Scioli solo) esto podría lo más inteligente: al saber que no podría jamás encarnar la autoridad, lo más racional es disolverla. Se le “devuelve” a la sociedad parte de los poderes expropiados por la política, privándola simultáneamente del mayor de los derechos humanos, el de ser gobernado. La idea de que la democracia no es una forma de organización del poder y de la decisión, orientada hacia un bien común, sino una suerte de barniz social en donde todo el mundo decide y al mismo tiempo nadie lo hace puede resultar seductora, después de años de “jacobinismo” militante.

La ideología del no gobierno tiene sus ritos: de la Kremlinologia y de las mesas chicas,  diminutas, de los Kirchner, se pasaría así a las interminables mesas largas de hipotéticos pactos sociales, de agregaciones de voluntades al infinito. Resulta tentador también para las famosas “corporaciones” (bien pocas y con poca sustancia en nuestro país, en verdad, y lamentablemente) no solo beneficiarse del “loteo” por venir (el Ministerio de Industria para la UIA, el de Seguridad para la Policía, el del Interior para los gobernadores…) sino también “llenar” ese “vacio”, darle rumbo a lo que no lo tiene. Y aquí está la trampa mortal del no gobierno. Esta creado para evitar precisamente eso. Y lo que es funcional para todos termina no siendo funcional para nadie.

En sus “Memorias de Esperanza”, el General De Gaulle afirmaba “el ejercicio de la autoridad es inseparable de la democracia. Todo no está sometido a la contractualización, sobre todo en materia de acción pública. El interés general no se impone por él mismo. Su necesidad, su utilidad tienen que ser cotidianamente demostrados porque los intereses particulares, ellos, están perfectamente autoasumidos. Gobernar no es sencillamente obedecer al aire de los tiempos. Gobernar, es dirigir, y no hay pacto más fundamental entre el pueblo y aquel que designó”

O algo así como que la pelota no se mancha.

2 pensamientos en “TEOREMA NARANJA

  1. GRB dice:

    Muy buena nota Pablo, felicitaciones. Bien escrita y lúcida, gracias de Gaulle por tanta magia que hasta lograste el cariño y el enojo más tarde en 68′ de Sartre y Josephine Baker.

  2. Rafael dice:

    Excelente nota!

    Al menos para mí muy original el punto de vista

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: