Archivos Mensuales: julio 2014

TODO DEFAULT SE DESVANECE EN EL AIRE

IKV

 

Por Martín Rodríguez :: @Tintalimon

A Fogwill le encantaban estos versos andá a saber de quién: en el desierto del amor, el espejismo del poder. Sé lo que hiciste el default pasado, político argentino. Aplaudiste. Aplaudiste de pie, y el presidente de esa semana trágica, el capitán de fragata Adolfo Rodríguez Saa, dijo lo que dijo a sala llena, sonrió al decirlo, y paró de decir y, gustoso, dejó que el aplauso haga su ritmo como en una playa del Atlántico. Había un niño perdido. Un niño pobre, un famélico, un hurón en la noche de la mishiadura. Era la hora de la deuda interna, chau convertibilidad y sueño del derrame. La clase política (nuestros Miserables) vivía el primer día de la libertad después de, como dice Alejandro Sehtman, “representar demasiado”. Representar demasiado en las dos primeras décadas de democracia (y encima se la llevaron en pala). Representar demasiado los sueños de la libertad. La civil, la política, la económica. Una gran república a la que le sobraba el Estado (ENTEL, la picana eléctrica, Fabricaciones Militares, los sindicatos peronistas) nos hizo concha. La convertibilidad fue la verdadera primavera democrática, aunque rara: se le vino el invierno encima. ¿Y ahora? Hoy nadie grita “a los botes”, pero qué lento es el río de la historia. Y qué oscuro a veces. El sueño de la virtud republicana es la transición ordenada. Todos lo sueñan. Casi todos. Kicillof dio un largo discurso desde el consulado argentino en Nueva York. ¿Default o no default? El primero lo dijimos a sala llena, de locales, en el Congreso de la Nación. Doce años después, el segundo, no lo decimos, y ocurre de visitante. Cada default es un mundo.

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Por Sol Prieto :: @prietocandanga

Domingo soleado de julio, cinco y media de la tarde, museo del Bicentenario. Terminamos de recorrer todas las décadas de nuestro país. Vemos el cuaderno de Illia, el bastón de Irigoyen, las bandas de todos los presidentes –la más linda: la de Alvear–. Hay una foto de Menem y Duhalde cara con cara, abrazados, mirando a la cámara como dos  adolescentes en una selfie. Y al final de la década del 90, el video de Rodríguez Sáa en el Congreso, diciendo que Argentina no va a pagar. Hacemos la cola para ver el mural de Siqueiros, el único que hizo en toda su carrera en un espacio privado –la quinta de Natalio Botana—y el único que hizo a cambio de plata. Atrás: dos mujeres de entre sesenta y sesenta y cinco. Maestras. “Yo sé muchísimo de historia, siempre que voy a las visitas con los chicos sé más que los guías”, dice una y nos pone a prueba: “¿Sabés quién era Botana?”. Le contestamos. Pasamos a ser interlocutores válidos de esta guardiana de la cultura cívica.  ¿Vieron la foto de Menem?, les preguntamos. “Sí, qué horror. Pero la gente cómo lo votaba, eh, lo mismo que este otro, ¿cómo se llamaba? El de los militares… el de economía, te ibas a Miami”. ¿Martínez de Hoz? “Ese. Un tipo oscuro. Ahí mis amigas empezaron a ir a Miami y a Brasil. Se compraban televisores a color allá.  Todo era importado”. Ahí, en el Museo del Bicentenario, entre los guías militantes, medio rollas si es que se puede afirmar que los rollas todavía existen, que viven en Varela, en Lomas, y que te dicen con una risa socarrona que Rivadavia se choreó el sillón, rascabas un poquito y el consenso del dólar barato seguí ahí, brillando intacto como el mural de Siqueiros en un sótano en Don Torcuato durante cincuenta años, sesenta años, ¡mil años!    Sigue leyendo

MY OWN PERSONAL SARANDÍ PRIVADO

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Por Silvina Giaganti :: @sgigantic

A mi papá lo escucho, no lo trato de entender. Lo escucho desde que me sentó a los nueve años en la cocina de mi casa, en una de las cuatro sillas tapizadas en cuerina color mostaza, y me dijo: “vos sos libre y sabés lo que tenés que hacer”, anticipándose a su dificultad para lidiar con mi temperamento y a mi relevándome de rendirle cuentas en exceso. A mi papá lo escucho y no lo trato de entender porque es mi papá y no una brújula existencial. Lo escucho y no lo trato de entender porque el año pasado tuvo un ACV y mientras lo cuidé en las madrugadas me di cuenta que desde la habitación de un hospital dan ganas de perdonarlo todo. Lo escucho y no lo trato de entender porque desde que estuvo en riesgo me cuenta sus historias desde la precipitación de sus sentimientos. Lo escucho y no lo trato de entender porque estoy en un momento en que prefiero cambiar convicción por agradecimiento. Sigue leyendo

Don Julio

Por Martín Rodríguez :: @tintalimon

Así, de toque. Rápido que se enfría. La muerte de Don Julio a los famélicos nos ofrece la imagen de “cómo termina un orden”: en la extinción física de su líder. Es una imagen egipcia y cunde entre pares una suerte de elegancia en la despedida del caudillo del fútbol ensayada por quienes sobrevaloran sus atributos políticos: permanecer, coordinar, gobernar la marea del deporte nacional. ¿Grondona? Un Rosas, me dice un amigo de la lírica populista. ¿Por qué? Supongo, primero, y sobre todo, por los años. (Segundo, porque Grondona gobierna el fútbol, la civilización bárbara.) Un líder que dura le mueve la cola a cada perro populista. Les encantan los hombres que duran. Los perseverantes. Nos encantan. Los que ya vemos el fútbol de lejos pasamos en limpio al hombre de la gestión más larga y exitosa, el que se despide con “polémica” según TN, en un predio de Ezeiza iluminado, pacificado. Y sí. 1979-2014 es su largo ciclo. Yo nací en 1978. Sólo el primer año de mi vida no estuve en este país bajo su protectorado. El fútbol, esa economía, y esa economía de los sentimientos, tuvo luces y sombras bajo el ala del viejo adversario de todos sus amigos (¿a quién no bancó/cagó/bancó/volvió a cagar?). Los muertos, las tribunas vacías, los “goles secuestrados”, el descenso de los grandes, los campeonatos de los chicos. Lo privado & lo público, y el fútbol argentino, como el campo de gravedad donde esas dos cosas no se terminan de subrayar nunca. Conocí periodistas deportivos, lo amaban o lo criticaban, incluso lo odiaban, pero siempre “con respeto”. Aclaran, aclaran, con respeto. Lo imitaban, le imitaban mal su disfonía, su voz de pipón lenta, Julio les dio a esos periodistas la misma relación que a los políticos con Perón. Don Julio y Juan Domingo los dos políticos más (y más mal) imitados del siglo XX. Gracias Julio. Un mundial. Dos subcampeonatos. Dos medallas doradas en Juegos Olímpicos. Seis campeonatos mundiales juveniles. Dos copas América. Dos mejores jugadores del mundo. El anillo trilladísimo de Grondona, ése que era un chiste grabado, que dice todo pasa, dice o decía: todo pasa por acá. La mano del juego mágico. El fútbol es un juego. Es un juego serio. Adentro de ese juego serio estaba sentado el político más viejo de la Argentina. El verso de que es el opio de los pueblos le dio al fútbol la estatura de un mito chanta, por izquierda y derecha. La gente no es boluda. En Italoamérica lo van a poner, algunos, en el panteón de los sindicalistas, como a un Lorenzo Miguel. Aunque Grondona era de la patronal. Por puro fetichismo. Cada cual tiene su Grondona. Un hijo de puta que dura, es menos hijo de puta porque “por algo dura” (en un país que se sacó de encima absolutamente todo lo que quiso sacarse de encima). Porque él era el centro del fútbol y el fútbol es el federalismo a la que te criaste, el primer mapa de los sentimientos argentinos distribuido en canchas, barrios, ciudades, rutas. La enorme escritora Silvina Giaganti lo despidió así en un bello tweet: gracias por pasar de tablón de madera a cemento la cancha de arsenal. gracias por la colonia de verano. gracias don julio.

AUTOPISTA NARANJA

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Por Esteban De Gori :: @edegori 

 

“Pongo en primer lugar, a título de inclinación general de toda la humanidad, un afán perpetuo y sin tregua de adquirir poder, un afán que sólo cesa con la muerte” Thomas Hobbes, Leviathan, 1651.

 

I

El sciolismo es un movimiento perpetuo y soterrado hacia el poder. Es un deseo que va acaparando los espacios, las fisuras, los territorios propagandísticos y los dolores que dejan los demás candidatos. Tiene los brazos abiertos. Atrae seguidores y convertidos. Los recibe, pero no los devora. Scioli está ahí, incólume, como la estructura peronista –es el <ser ahí> de la maleabilidad pejotista–. Está ahí para levantar al maltrecho, para darle calor en su amigable y desapasionada choza peronista. Él cuida de los heridos, al modo en que Francisco I llama a proteger a los africanos que llegan en pateras a la isla de Lampedusa. Hoy el sciolismo, pese al crecimiento de Macri y a la persistencia de Massa, siempre está. Es Lampedusa, un territorio que da la bienvenida a todo migrante político que se precie de tal.

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TEOREMA NARANJA

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Por Pablo Touzon :: @PabloTouzon

“Nada más aburrido que un domingo de lluvia, sin futbol, y con De la Rúa presidente”. Cuenta la leyenda que es a partir de esta boutade del eterno Antonio Cafiero que nació la idea publicitaria salvadora de Agulla y Bacceti. Transformar el vacio en sabiduría, la lentitud en tiempismo, la cobardía en paciencia, la nada en algo. Como es por todos sabido, el experimento fue un éxito rotundo en el plano electoral y un fracaso sangriento en el  gobierno. Más valdría, decían algunos, que nunca hubiese pasado de esa extraordinaria campaña, que nunca hubiese gobernado. La solución al mal gobierno, el no gobierno.  Sigue leyendo

Cínicos y bienpensantes

Palestina

Por Agustín Cosovschi :: @cosovschi 

“Pero la Realpolitik no tiene la última palabra”.

 Jean-Claude Milner

 

Las Fuerzas Armadas Israelíes invadieron Gaza una vez más, dejando cientos de muertos, miles de desplazados y una catástrofe de daños en un territorio que es poco más que el campo de contención de casi dos millones de personas sin ciudadanía. El público lo condena masivamente; lo compara, además, con las grandes masacres del siglo XX, reproduce y retransmite las imágenes violentas del desastre. Sigue leyendo

soviet rock

Por Martín Baña *  

En la segunda mitad de la década de 1980, en pleno proceso reformista, la música rock se hizo sentir de forma notable en la Unión Soviética. Proliferación de grupos, discos grabados por el sello oficial, recitales al aire libre y festivales con bandas extranjeras aparecieron de golpe como un melancólico farewell de la última generación soviética. Sin embargo, detrás de esta explosiva aparición hubo una larga historia de devenir creativo, en gran parte ignorado y clandestino, que derivó en la transformación política de la URSS y de la cual simultáneamente se benefició y apoyó. Un fragmento de esa historia es la que se cuenta muy brevemente aquí. Sigue leyendo