Consumo personal

playmobil
Por Alejandro Sehtman
Asistimos, si es que puede asistirse a algo en este mes claramente expresivo que es diciembre (ese diciembre que se prolonga hasta el punto de sacrificar en su altar a nueve socorristas. Oh! perverso y expresivo diciembre).
Asistimos, sepámoslo, a otro intento más de realización de un viejo sueño húmedo de la Argentina.
El sueño de la sustitución de la esfera de la producción por parte de la esfera del consumo.  
 
En los capítulos anteriores vimos cómo el instrumento recuperado de la negociación paritaria dejó de servir para discutir ganancia para pasar a ser el autódromo de la carrera contra la inflación. Ahora podemos ver cómo la batalla final toma la forma de una litadelazarización total de la Argentina. Cada consumidor es un combatiente de la guerra contra los aumentos de precios. En la esfera del consumo todo precio es político. Responde a una voluntad.
Ah, la clase consumidora. Qué clase, mi clase sin clase. La Argentina consumidora contra los molinos de viento trasnacionales, multinacionales, imperiales o sencillamente cipayos que quieren decirle cuánto tiene que pagar: el dólar, la soja, la carne, la nafta. Es más fácil imaginar aquí y ahora una huelga de consumidores que una huelga de trabajadores.
La burguesía nacional existe. Ya existe. Vaya si existe. Es la que es. Y está sentada a la orilla del río de soja esperando ver pasar el cadáver de su enemigo. El Estado.
En el sueño se habla de todo menos del trabajo y la producción.
Pero, al fin y al cabo, el trabajo está.*
Y por eso quizás habría que empezar por ahí. No por cuanto queremos gastar. Eso ya lo sabemos. Ya lo sabemos que acá nadie va a bancarse sesenta años de superexplotación laboral para que quizás, tal vez, por ahí, en el siglo XXII lleguemos a lo que llegó Corea, con ese sacrificio, en el siglo XXI.
Este es un país en el que nos gusta comer asado. Asado. A los argentinos nos gusta emplear cuatro horas y quemar una gran cantidad de madera para embucharnos una de las mejores carnes del mundo. Quieren el lomo a ochenta pesos! le decía Kirchner a De Angelis. Y desde abajo se podría haber escuchado: lo queremos a lo que cueste! Queremos el lomo, no vamos a bajarnos del lomo. Ya sabemos cuanto queremos gastar: mucho. Acá los dólares no se van por sólo por la canaleta del lujo de las clases altas. Se van por las vacaciones a Brasil que quieren todos los que saben u oyeron que en las playas de Brasil no se le pega la arena a los churros y la cerveza se termina antes de calentarse. Se van por esa colita de cuadril al horno que estaba tan rica como hubiera estado en Berlín, pero sin dejar las divisas. Se va por esas zapatillas compradas en la oficina, minimizando la ventana cuando pasa el jefe para maximizarla cuando llega un compañero porque podemos-compartir-el-envío.
Queremos ganar mucho para vivir mejor.
El problema está en cómo vamos a hacer para ganarlo.
Y yo no se escucha a nadie por ahí. A ninguno de los apólogos de la guerra de los precios hablar del viejo problema del valor. A nadie se escucha hablar de cómo vamos a hacer para ganar más.
Y ya sabemos lo que pasa cuando al sueño del consumo lo despierta el monstruo de la producción.
 

* Por tanto, si en términos generales y abrazando períodos de tiempo relativamente largos, todas las clases de mercancías se venden por sus respectivos valores, es absurdo suponer que la ganancia —no en casos aislados, sino la ganancia constante y habitual de los distintos industriales— brote de un recargo de los precios de las mercancías o del hecho de que se las venda por un precio que exceda de su valor. Lo absurdo de esta idea se evidencia con generalizarla. Lo que uno ganase constantemente como vendedor, tendría que perderlo continuamente como comprador. No sirve de nada decir que hay gentes que compran sin vender, consumidores que no son productores. Lo que éstos pagasen al productor tendrían que recibirlo antes gratis de él. Si una persona toma vuestro dinero y luego os lo devuelve comprándoos vuestras mercancías, nunca [54] os haréis ricos, por muy caras que se las vendáis. Esta clase de negocios podrá reducir una pérdida, pero jamás contribuir a obtener una ganancia.

Por tanto, para explicar el carácter general de la ganancia no tendréis más remedio que partir del teorema de que las mercancías se venden, por término medio, por sus verdaderos valores y que las ganancias se obtienen vendiendo las mercancías por su valor, es decir, en proporción a la cantidad de trabajo materializado en ellas. Si no conseguís explicar la ganancia sobre esta base, no conseguiréis explicarla de ningún modo. Esto parece una paradoja y algo contrario a lo que observamos todos los días. También es paradójico el hecho de que la Tierra gire alrededor del Sol y de que el agua esté formada por dos gases muy inflamables. Las verdades científicas son siempre paradójicas, si se las mide por el rasero de la experiencia cotidiana, que sólo percibe la apariencia engañosa de las cosas.

2 pensamientos en “Consumo personal

  1. domingo acavallo dice:

    o sea que la culpa de todo la tienen los que se piden un par de zapatillas por internet y los que comen asado (?), ademas de que la discusion por la productividad (ergo, por la inversion) la tendrian que dar…los consumidores!! contate otro, payaso

  2. Manolo dice:

    Alejandro,
    Primero, coincido en lo del asado.
    Segundo, coincido en la principal importancia de poner el foco en la creación de “valor”, llamemoslo así. Y en discutir cuánto se hizo, no se hizo o se debería haber hecho para generarlo, generarlo diversamente, o sea, diversificando el perfil productivo. Para q? Justamente, para tener mejor empleo, y mejores salarios.
    Tercero, respecto a la ley de valor (y a su vigencia…) como fundamentación para poner el foco de la discusión en “el trabajo”. Puede ser una discusión eterna q nos agotaría dar. Lo que sí quisiera marcar es que la esfera de la distribución, en el capitalismo actual, juega un rol tan principal como la de la producción, tanto en generar como en capturar valor (la discusión no pasa solo por generar sino por apropiar). Hoy para nike es más importante el diseño y su imagen de marca que cómo hacer una zapatilla.
    Entonces, si queremos volver a la discusión principal, sobre la generación y apropiación de valor, es medio anacrónico pensarlo solo en términos fabriles.
    Abrazo!

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