Navidades insatisfechas

Por Ana Natalucci

1. El lugar de la mirada (popular)

Aquellos que nos dedicamos al estudio de la acción colectiva, la movilización política y los movimientos sociales hemos dedicado muchas horas de discusión para acordar si podíamos considerar a los saqueos acciones colectivas. Para ahorrarnos aquel debate, diré que coincido con la perspectiva que propusiera Javier Auyero en su libro “Zona gris”, de mirar el entramado de relaciones que activan esos acontecimientos, donde se entrecruzan formas políticas, de violencia colectiva y situaciones locales, más que la intencionalidad de algunos actores en particular. Esta perspectiva se aleja de las miradas conspirativas que suelen ensayar actores políticos a esos sucesos y que provocan una criminalización de los saqueadores, profundizando su estigmatización.

Los saqueos son acontecimientos sumamente disruptivos, alteran las reglas y los sentidos incorporados, vienen a cuestionar la propiedad privada que todos tenemos interiorizada en el marco del capitalismo. No son un abrazo simbólico, sino una expresión de violencia colectiva que degrada el tejido social. Por ello generan sentimientos encontrados de pedir represión, orden y denominar delincuentes a los saqueadores. Desde una mirada popular no se puede reivindicar la movilización como expresión de demandas y reivindicaciones y al mismo tiempo elaborar teorías conspirativas sobre los saqueos según nos convenga o leamos la correlación de fuerzas de ese momento. Lejos de una posición celebratoria, hay que discutir esos fenómenos libres de prejuicios y de visiones estigmatizadoras que poco ayudan a la comprensión, e incluso a la prevención, de tremendos acontecimientos en la dinámica política.

2. Llega diciembre: llegan los saqueos

Uno de los argumentos comúnmente esgrimidos para descalificar los saqueos es el de “viene diciembre, llegan los saqueos” como modo de sostener que en una época sensible aquellos se organizan para desestabilizar al gobierno de turno.

Es cierto que se trata de una época del año sensible, familias que no llegan a fin de mes, que no cubren sus necesidades básicas en un momento donde las publicidades para consumir y comprar regalos navideños abundan por doquier. Esto que podemos llamar las condiciones estructurales generan condiciones propicias para que los saqueos ocurran en diciembre y no en junio.

Dicho esto, hay que considerar que los saqueos no ocurren en cualquier diciembre. Durante los primeros años del kirchnerismo no se produjeron estos episodios, habría que preguntarse porqué volvieron. Y ante esto no podemos desconocer que la primacía que adquirió el consumo como valor y en su asociación a la movilidad social no se desarticuló en la última década.

3. “Se llevan televisores”

“Se llevan televisores”, “Se llevan bebidas alcohólicas” y otras frases similares son reproducidas para justificar que los saqueadores en realidad no son pobres, que no tienen hambre, ni necesidades; sino que son malhechores, delincuentes, malvivientes a los que hay que castigar.

Es cierto que en muchos casos se producen hechos delictivos. Ahora por su carácter espasmódico no hay una reflexión sobre que llevarse. No es que en cada barrio se hace una asamblea y se vota que se pueden llevar, que no y si habrá sanciones para aquellos que se “corten solos”. Se trata de episodios disruptivos sobre el espacio público, sobre la propiedad privada donde prima más bien una racionalidad estratégica, por la cual es más razonable llevarse un televisor que un paquete de harina. Por más hambre que se tenga y sino hagamos la cuenta de cuantos podríamos comprar con la venta del artefacto.

4. “Los llevó Moyano”

Sergio Berni, secretario de Seguridad de la Nación, a fines de 2012 atribuyó la organización de los saqueos al secretario general de la CGT, Hugo Moyano, a quien acusó de querer generar malestar social para desgastar al gobierno nacional. Tal vez este ejemplo sea el más paradigmático de ese forzamiento de los hechos. Pero lo cierto es que los saqueadores son siempre estigmatizados, referenciados como delincuentes mientras los saqueos son atribuidos a intencionalidades políticas. Lo mencionó hace pocos días el gobernador de Córdoba, José Manuel De La Sota, y recientemente el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Alejandro Granados.

Para fortalecer esta hipótesis suele decirse que no ocurren en los lugares más pobres y que son organizados. Ambas cuestiones son ciertas. Veamos. Los saqueos se producen en lugares caracterizados por una profunda desigualdad, no necesariamente en los más pobres. El año pasado ocurrieron en Bariloche, Rosario, la zona norte de la provincia de Buenos Aires. Este año, los alrededores de Rosario, la ciudad de Córdoba. Los saqueos no son episodios espontáneos, suelen tener alguna organización y como en toda red territorial suelen intervenir punteros, dirigentes locales. En general, los participantes tienen relaciones entre sí, familiares o vecinales. Aún con esta base organizativa, el factor contagio es inevitable, lo cual incide en el descontrol que pueda asumir el episodio y los desmanes de ocasión. Que tengan una base organizativa no significa que deba reducirse la explicación a ella, por el contrario los saqueos visibilizan de un modo brutal la desigualdad social, que cobra particularidades regionales pero que guardan un parecido de familia: una estructura montada en la dictadura, profundizada en los noventa y legitimada en los últimos años con la consigna un modelo de reindustrialización con consumo interno.

Las explicaciones conspirativas basadas en la intencionalidad de supuestos opositores poco explican acerca de las causas, las condiciones y las características que los saqueos adquieren como forma de comportamiento con violencia colectiva.

5. Ya es tarde, muy tarde

Una vez que el saqueo ocurrió ya es tarde en el sentido que deben intervenir las fuerzas de seguridad para reinstalar algún orden. Tampoco se trata de hacer prevención como la que proponen la dupla Granados-Scioli consistente en militarizar el Conurbano.

Los saqueos rompen el tejido social territorial. Pero este modo de prevención como la represión implica pérdidas económicas, sociales y políticas y fundamentalmente pérdida de vidas humanas. Nadie va a saquear si no tiene necesidades, si no tiene hambre o no está inscripto infinitamente en una situación de exclusión. Nadie se expone de esa manera a la represión, a la persecución y a la estigmatización mediática y barrial sin tener necesidades insatisfechas.

Uno de los mayores aciertos del kirchnerismo, aquel que le permitió construir una vocación movimentista y popular, fue que la movilización social es consecuencia de una demanda no resuelta, de una reivindicación pendiente; que los que protestan no son delincuentes, sino argentinos que no tienen otro modo de expresión política y que el rol del Estado no es reprimir sino dar respuestas y garantizar esos derechos no ejercidos. En definitiva, la construcción de una cultura política donde mayor participación y movilización implica mayor democracia. Ese fue uno de sus mayores aciertos, no lo rifemos.

10 pensamientos en “Navidades insatisfechas

  1. […] publicado en este medio me despertó lo mismo que aquella desafortunada expresión de la militante. La redactora de Revista Panamá calificó a los saqueos como “disruptivos” y les atribuyó la capacidad de “cuestionar la […]

    • hola Andres! leí tu post. Es evidente que no coincidimos ni teórica ni ideológicamente en la interpretación de los saqueos. La única aclaración es que yo hablé de los saqueos como disruptivos y no como revolucionarios, una palabra muy diferente a la otra, que entre otras cosas implica -y en este acuerdo con vos- que los saqueos no cuestionan la forma de producción capitalista.
      Bienvenido el debate!
      Saludos

  2. el conurbano ya está en vías de militarización hace tiempo, ése es el problema, retenes en las puertas de acceso y egreso de barrios e incluso partidos desde zonas más adineradas, fuerzas de frontera patrullando las calles, violencia policial (sin contar, claro, las externalidades positivas de las horas core: narcotráfico, trata, delincuencia menor, aprietes por encargo y un gran etcétera, que hablarían más de la para-militarización del conurbano)
    Por otro lado, y sin querer datar la fecha de elaboración del huevo y de la gallina -pero haciéndolo- si bien los saqueos -más allá de ser o no episodios conceptualizables como acción colectiva- pueden ser expresiones de violencia que degradan el tejido social, más bien es al revés, son fenómenos que dan cuenta de la degradación del tejido social. La desidia, el racismo, la represión y las dádivas de las que fueron objeto los sectores populares -y no hablo de los últimos 10 años, sino que estoy hablando de décadas- tienen como reflujo estos episodios que hablan de resentimiento e impotencia. Claro que si abrimos el plano, el marco de la escena es la sublevación de mercenarios armados por el estado que buscan mantener privilegios para seguir teniéndonos de rehenes mientras el narcotráfico avanza. Porque, digamos, ya estamos más o menos duchos con el tema de los saqueos, y como bien mencionás, los saqueos no se dan en cualquier parte, casi siempre es condición sine qua non el beneplácito policial.
    igualmente concuerdo con vos necesitamos una policía controlada por los ciudadanos, una sociedad donde el racismo se termine y un Estado mucho más abierto a los sectores populares,
    la respuesta siempre es más democracia y no rifar lo conseguido hasta ahora

    • Hola! acuerdo con la discusión entre el huevo y la gallina, es cierto lo que decís que los saqueos dan cuenta de la degradación del tejido social. Pero también creo que debilitan ese tejido mal trecho. En los barrios donde los saqueadores saquean a los comercios de sus barrios las consecuencias son profundas y las rupturas de los lazos de sociabilidad dificil de recomponer

  3. wadajo dice:

    Qué tal, Ana.
    Concuerdo en que “La zona gris” es la mejor explicación de los saqueos que tenemos por ahora. Aún así, quizás está más atado a 2001 de lo que pensábamos. Pero no creo que en ese libro Auyero se oponga a las miradas conspirativas; trata de incorporarlas en la “bigger picture” pero, usando la metáfora marxista, “en última instancia” termina diciendo que fueron organizados por intereses espurios ligados a la política popular. (Está muy buena la reseña de Julieta Quirós que salió en EAS 2008)
    Hay que llevar la simetría al máximo: no puede ser que las demandas populares son legítimas en la plaza y malas en los saqueos, buen punto; pero también si “los saqueos visibilizan de un modo brutal la desigualdad social”, son solo una manera de visibilizarla (volviendo a E. P. Thompson).
    Quizás no me metería en el nivel subjetivo de “nadie va a saquear si no tiene necesidades, si no tiene hambre o no está inscripto infinitamente en una situación de exclusión”. No creo que el análisis necesite inmiscuirse en terrenos tan lanatizables.

    • Hola, Acuerdo con lo que decis sobre que ese libro es bueno en términos que es el único estudio sistemático. No creo que introduzca la cuestión conspirativa, si que esta muy presente lo instrumental, a veces denasiado (como en sus estudios sobre clientelismo).
      La cuestión de la subjetividad es importante ya que el no auto reconocimiento de los saqueadores como tales es lo que inhibe de considerarlos como acciones colectivas. Por eso creo que son comportamientos colectivos.
      Acuerdo con lo que decis que no hay demandas buenas y malas segun donde se den, aunque si hay una discusión sobre el repertorio que hay que dar. Y para esto me parece que hay que dejar de lado las miradas institucionalistas, sobre todo en su forma jurídica.
      Saludos y gracias por los comentarios

    • hola! recién ahora veo este comentario. Cual es la reseña que mencionas de Quirós. El resto de lo que decis coincido. Saludos

  4. […] Los saqueos son acontecimientos sumamente disruptivos, alteran las reglas y los sentidos incorporado… […]

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