Territorios, organizaciones y elecciones

red de organizaciones sociales

Por Ana Natalucci

El proceso de descentralización del Estado nacional en los noventa ha tenido consecuencias significativas para la política en general y las elecciones en particular. La primacía que fueron adoptando los territorios se tradujo en la creciente centralidad de los gobiernos locales -gobernaciones o intendencias- y en menor medida de las organizaciones socioterritoriales. Sin dudas, los esfuerzos de la Alianza por neutralizar lo que suponían como el boicot del Partido Justicialista a su gestión incidieron en la predominancia que cobraron las organizaciones. Son recurrentes los ejemplos en los cuales en las negociaciones para levantar los cortes de rutas las organizaciones recibían planes y bolsones de alimentos en igualdad de condiciones que los intendentes y gobernadores. Esta provisión de recursos se relativizó parcialmente en la presidencia de Duhalde aunque su gravitación política se mantuvo. Eran momentos de convulsión política, por lo que era necesario el involucramiento de todos para confrontar la crisis.

Esta situación se modificó con la asunción de Néstor Kirchner. En principio, hubo un acuerdo de tipo ideológico entre las cúpulas de las organizaciones y la autoridad nacional, sin embargo en los territorios se mantuvo la relación de competencia por la construcción política, en definitiva por la representación de los sectores populares. Hasta 2009, el mismo Néstor Kirchner había mediado en esa tensión para evitar fugas de algún u otro sector. La primera ruptura llegó cuando a propósito de la implementación en el Conurbano del programa Argentina Trabaja las organizaciones se vieron relegadas de su rol de gestoras de la política social en favor de las intendencias. En parte, esa situación se compensó por la expectativa de las organizaciones del “salto a la política”, expresión con la que manifestaban su deseo de participar en las listas legislativas y cargos ejecutivos. Si 2011 no les dio la oportunidad, ¿el 2013 abrió otro escenario?

A priori, pareciera que sí. Dirigentes de organizaciones integraron o encabezaron listas a concejales del Frente para la Victoria en Florencio Varela, Tigre, San Miguel, San Fernando, Vicente López, Hurlingham, San Martín, Tres de Febrero, Pilar y Almirante Brown. En Quilmes y La Plata lo hicieron en listas “colectoras”. No es casualidad que la mayoría de esos distritos estén gobernados por intendentes enrolados en el Frente Renovador.

Ahora bien, si observamos las listas a senadores y diputados provinciales no ocurrió algo similar,  donde los candidatos fueron seleccionados del mismo sistema político. Podría contra argumentarse el caso de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cuya lista estuvo encabezada por Jorge Taiana e integrada por dirigentes sociales y políticos. Sin embargo, nuevamente, en este caso no había un intendente con el cual confrontar o disputar territorialmente.

¿Qué se disputa?

Retomando la idea de las tensiones entre intendentes y organizaciones una pregunta que deberíamos hacernos en profundidad es qué se disputa. Dijimos al pasar que la representación de los sectores populares. Pero ¿qué significa esto? ¿Podemos hablar de sectores populares en términos homogéneos como durante el peronismo clásico (1945-1955) o incluso durante el Estado de Bienestar? Absolutamente no. La sociedad argentina sufrió una ruptura irremediable pos dictadura, luego de esta su característica sobresaliente es la de (creciente) heterogeneidad. En este marco, ningún actor (intendente, organización socioterritorial o sindical) puede agotar la representación social de un modo acabado.

Si la crisis de 2001 marcó un punto de inflexión con el proceso iniciado en 1976 respecto del modelo de dominación política; si el duhaldismo fue un ensayo de respuesta corporativa a esa crisis; si la masacre del Puente Pueyrredón volvía a demostrar que la crisis política no se resolvía sólo con corporaciones, si el kirchnerismo fue una respuesta integradora a esa crisis… Si el kirchnerismo permitió que organizaciones como el Movimiento Evita crecieran de un modo vertiginoso y que además ambicionaran con recuperar el rol protagónico que tuvieron otrora los sectores populares; si el kirchnerismo creó La Cámpora como modo de que los jóvenes volvieran a creer que la política era para ellos… Si acordamos con esta lectura, es necesaria la generación de articulaciones que permitan que las relaciones entre los sujetos políticos que representan a ciertos sectores no sean meramente de competencia, sino también de cooperación. Es necesario que las organizaciones no sean vistas como una suerte de competencia desleal. Más bien, es necesario profundizar ese “salto a la política” que permita que la política vuelva a ser una herramienta de integración social.

2 pensamientos en “Territorios, organizaciones y elecciones

  1. federico dice:

    Muy buen análisis. Hay un pliegue adicional, que es la resistencia interna que genera la pejotización de la disputa, las viejas maneras de pelear el espacio.
    El territorio es un ser vivo, crece, muta, y evoluciona en sus demandas. Se sigue negociando con el manejo del recurso, priorizando el control a través de la caja.
    El control del poder enturbia de tal manera la discusión que las nuevas maneras se ven como amenaza al status quo político.
    Las bases están empujando con nuevas demandas, salida del modelo subsidiario, espacio de discusión, una silla en la mesa para los excluídos.
    Hay que dar el salto de calidad, es el momento.

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