Archivos Mensuales: noviembre 2013

Historia de la burguesía argentina

Por Bruno Bauer

Historia de la burguesía argentina

MIRAR PARA CUIDAR

Rossy de Palma

Por Sol Prieto

Ricardo Fort fue un multimillonario y dilapidador que durante mucho tiempo ocultó sin éxito su orientación sexual bajo un discurso homofóbico y cosificador de las mujeres y por lo tanto no tengo casi nada en común con él. Pero no puedo dejar de pensar que intervino quirúrgicamente, químicamente, y físicamente su cuerpo como nadie en la historia argentina con un objetivo explícito: ser querido por los demás. Como consecuencia de esto, durante los últimos dos años de su vida le dolió el cuerpo todos los días. No quiero hacerme la solemne porque en verdad fue un bizarro, o sea, ¡se puso prótesis en los talones para ser más alto, prótesis por todo el torso para ser más grosso! Lo tengo claro, pero también me parece muy trágico que nadie le haya dicho que todo eso no hacía falta porque lo querían como era. Me hubiese gustado ser su amiga para llevarlo a ver a Spinetta, decirle que lea The catcher in the rye, y pasar una tarde en la playa boludeando para que viera que en la playa se pueden hacer otras cosas aparte de mostrar el cuerpo como un objeto de deseo. Entiendo que existe el capital estético y que hay un mercado amoroso y todo eso, pero esto me parece que es un extremo horrible que nos habla de lo poco humanas que pueden ser las relaciones entre las personas bajo el capitalismo tardío.

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No precisaba tonificarse para ser hermosa

Por Sol Prieto

En septiembre del  2008 mi amiga decidió castrar a su gata Maia porque consideraba que ya tenía la edad para hacerlo. Desde julio de ese año la relación entre ellas se venía modificando sustancialmente porque Maia había entrado en un período de celo muy agresivo. Maullaba fuerte por las noches y no la dejaba dormir y  en cualquier reunión social o afectiva saltaba a la mesa y se frotaba con las botellas, los invitados y la pared.

Particularmente, me contaba mi amiga, era agresiva con los chicos que llevaba a la casa. Si estaban sentados tomando vino en el sillón blanco que mi amiga tenía en el living o dándose besos o burlándose de alguien, que es lo que la gente más hace en las citas, Maia saltaba sobre el chico y caía sobre los muslos, clavándole las uñas. De ahí saltaba al respaldo marcando la cuerina, caminaba por el respaldo hasta bajar sobre la falda de mi amiga o sus hombros y de ahí bajaba al suelo  y volvía a hacer lo mismo a una velocidad frenética para ese contexto, hasta que mi amiga se cansaba y encerraba a Maia en la cocina. Entonces Maia se sublevaba con una violencia fulminante y humana: meaba la pileta, la mesada,  el piso, todo en un lapso de diez minutos.

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30 años de democracia

Por Bruno Bauer

30 años de democracia

El amor nos destrozará (otra vez)

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Por Tomas Borovinsky

Dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada. Todos somos postrevolucionarios porque somos los hijos de todas las revoluciones políticas triunfantes. Somos los hijos de las guerras civiles fallidas y de los desempates hegemónicos que estuvieron antes. Venimos también de los armisticios firmados con la sangre derramada y descendemos de los juicios en los que vencidos juzgaron a vencedores. Dijimos: dentro de la democracia todo, fuera de la democracia nada.

¿Qué es jugar a la revolución en una democracia liberal como la nuestra? La respuesta se hunde en el barro del esteticismo puro, la inconciencia política y el consumo irónico. ¿Cómo se hace una revolución en un país donde se vota cada dos años? La democracia liberal es el lugar donde se baraja y se da de nuevo cada dos años, y donde el fantasma de la opinión pública se hace carne por un rato, y hace justicia por voto propio y deshace el poder político del que parecía tenerlo todo.

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